«Nos Vemos En El Baño» se centra en la efervescente escena musical de Nueva York entre 2001 y 2011, un periodo marcado por la transformación radical de la ciudad y el surgimiento de un nuevo movimiento musical. La obra comienza justo después del 11 de septiembre, cuando Nueva York era un lugar desolado y en reconstrucción, tanto física como emocionalmente. La ciudad, otrora el epicentro del rock and roll, había perdido su atractivo como capital cultural. Las grandes discográficas habían trasladado su sede a Los Ángeles, y los precios de las propiedades inmobiliarias habían alcanzado niveles estratosféricos, convertiendo la ciudad en un patio de recreo para banqueros y expertos en punto. Comprar un espacio para tocar o incluso mantener una existencia decente en Nueva York, se había convertido en una quimera.
La historia se construye en torno a un grupo de bandas que, a pesar de las circunstancias, persistieron en perseguir su música en almacenes, clubes nocturnos underground y pequeños locales. Entre estas bandas, destacan los Strokes, Yeah Yeah Yeahs, Interpol, The Moldy Peaches, LCD Soundsystem y muchas otras que, gracias a su perseverancia y un estilo distintivo, comenzaron a captar la atención de un público cada vez mayor. Estas bandas no solo representaban un resurgimiento del rock, sino también una nueva forma de ver la música y la ciudad. La combinación de la estética indie, la energía desenfrenada y la capacidad de contar historias personales resonaron con una generación que buscaba autenticidad y honestidad en el arte. Goodman describe con precisión cómo las bandas, trabajando largas horas como camareros y asistentes, alimentaban su música y fomentaban la atmósfera de vitalidad que emanaba del corazón de la ciudad.
El libro explora el proceso de transformación de estos artistas, desde sus humildes comienzos hasta su ascenso a la fama. Se detalla cómo las bandas aprendieron a crear sus propios espacios, tanto físicos como sociales, donde podían experimentar con su música y conectar con su público. La importancia de los clubes nocturnos underground y los almacenes de Williamsburg, como espacios de incubación para la nueva música, es crucial. Estas ubicaciones, alejadas de los focos mediáticos, proporcionaban a las bandas un lugar para desarrollar su sonido y construir una base de fans leales. La escena musical de Nueva York, en ese momento, no era solo sobre música; era sobre comunidad, sobre la búsqueda de identidad y sobre la creación de un nuevo lugar para la cultura.
El libro no solo cuenta la historia de la música, sino también la historia de cómo la ciudad de Nueva York se reinventó a sí misma. La escena musical emergente de Williamsburg, particularmente, se convirtió en un símbolo de esta transformación. Los almacenes de Williamsburg, convertidos en espacios culturales, atrajeron a artistas y creativos de todo el mundo, convirtiéndose en un centro de innovación y experimentación. Este barrio, que antes era conocido por suena deborilidad, se convirtió en un nuevo centro de atención, impulsado por la energía de la nueva música y la cultura alternativa. La revitalización de Williamsburg, y de otros barrios similares, se vio impulsada en parte por la presencia de estas bandas y su capacidad para atraer a un público más joven y más diverso.
La narrativa se centra en los “behind the scenes” de la vida de estas bandas. Goodman revela los aspectos más cotidianos, las luchas económicas, las relaciones personales y los desafíos creativos que enfrentaron. Nos cuenta cómo estas bandas, a menudo trabajando en múltiples trabajos para pagar las facturas, encontraban tiempo y energía para componer y ensayar. Nos permite presenciar el nacimiento de una nueva generación de estrellas de rock, y también las dificultades y sacrificios que implicaba esta carrera. El libro hace un retrato vívido de una época en la que la música no solo era un medio de expresión, sino también una forma de escapar de la realidad y de encontrar una comunidad en un mundo cambiante.
Además de los nombres más conocidos, el libro también destaca la importancia de los promotores, los gestores, los ingenieros de sonido y los miembros de las bandas de acompañamiento. Estos individuos desempeñaron un papel fundamental en el éxito de estas bandas y en la creación de la escena musical de Nueva York. Goodman nos describe cómo estos individuos trabajaron juntos para crear un ecosistema vibrante y colaborativo, donde la música podía florecer. El libro también aborda la controversia y las tensiones que surgieron dentro de la escena musical, así como las dificultades que enfrentaron las mujeres artistas en un entorno dominado por hombres.
El libro también examina la influencia de la cultura de internet en la escena musical de Nueva York. La proliferación de blogs, foros y plataformas de intercambio de música facilitó que las bandas se conectaran con su público y que los promotores descubrieran nuevos talentos. Esto llevó a una mayor diversidad y experimentación dentro de la escena musical, y también a una mayor demanda de autenticidad y transparencia por parte de los artistas. La relación entre la música y la tecnología es un tema central en la narrativa, y Goodman muestra cómo estas bandas aprovecharon las herramientas de internet para promover su música y construir una comunidad en línea.
Opinión Crítica de Nos Vemos En El Baño: Renacimiento Y Rock And Roll En Nueva York, 2001-2011
«Nos Vemos En El Baño» es un logro excepcional. Lizzy Goodman ha creado un libro que no solo documenta la historia de la música de Nueva York, sino que también captura la esencia de una época crucial en la historia de la ciudad. El libro es una lectura absorbente y profundamente conmovedora, y es una prueba del poder de la narración oral. El estilo de escritura de Goodman, que recuerda a los entrañables «Por favor, mátame de Legs McNeil y Gillian McCain», es directo y sin rodeos, lo que contribuye a la autenticidad y al impacto del libro. Es un testimonio personal y una ventana a un mundo que ya no existe.
El libro sobresale por su exhaustiva investigación y su capacidad para reunir una amplia gama de voces. Goodman no solo se basa en las entrevistas que recopiló, sino que también utilizó una variedad de fuentes, incluyendo archivos de periódicos, revistas y blogs. Esta investigación exhaustiva le permite crear un retrato completo y matizado de la escena musical de Nueva York. Además, la inclusión de las voces de aquellos que estuvieron «detrás de escena» – los promotores, los ingenieros de sonido y los miembros de las bandas de acompañamiento – proporciona una visión más rica y completa de la historia.
«Nos Vemos En El Baño» es una lectura obligada para los amantes de la música, los aficionados a la historia de Nueva York y cualquier persona que esté interesada en la naturaleza del arte y la cultura. Es un libro que nos recuerda la importancia de la comunidad, la perseverancia y la capacidad del arte para transformar nuestras vidas. Recomendación: 5/5 estrellas. Es un libro que te dejará con ganas de escuchar más música de esa época, de conocer más sobre los artistas y de reflexionar sobre el poder de la creatividad y la música. Si le gusta la música indie, el rock alternativo, o incluso la historia de Nueva York, entonces este libro es una joya.
También, a pesar de la intensidad de la narrativa, el libro es sorprendentemente accesible. Goodman evita la jerga musical y el lenguaje técnico, y se centra en contar una historia que sea atractiva para un público amplio. Es un libro que puede ser disfrutado tanto por los expertos como por los recién llegados al mundo de la música indie. La investigación y la profundidad de los detalles sobre la vida de los músicos, la situación económica y la cultura de la época, lo hacen extraordinariamente completo.
