El libro se centra, en gran medida, en la figura de Adolfo Bioy Casares, el marido de Silvina Ocampo, revelando la intensidad de su relación, marcada por la admiración, la dependencia y, posiblemente, un cierto nivel de control. Se exploran los detalles de sus noches en la casa de Ocampo, donde Borges cenaba a diario, y la peculiar dinámica de esa “tertulia intelectual” que, según Enriquez, era esencial para la producción de la escritora. Se detallan las tensiones entre Ocampo y Borges, su relación a veces desafiante, y cómo el ambiente de esa casa se convirtió en un caldo de cultivo para las ideas y los cuentos que luego plasmaría en sus obras. Se revela, por ejemplo, que Borges era un crítico implacable de sus textos, y que a menudo la confrontaba con sus fallos, lo que, paradójicamente, contribuyó a impulsar su creatividad.
Además de su relación con Borges, el libro se adentra en la compleja amistad de Ocampo con Victoria Ocampo, su hermana mayor. Se examinan las constantes rivalidades y las tensiones entre las dos hermanas, y se revela que la relación era, a menudo, marcada por la
investigadora rigurosa, que involucra una gran cantidad de fuentes (cartas, diarios, entrevistas, testimonios), y una atención minuciosa a los detalles.
El libro destaca la importancia del entorno intelectual y social en el que Ocampo se desarrolló. Se analiza cómo la influencia de Borges, Victoria Ocampo y otros intelectuales de la época formó parte integral de su proceso creativo. Se revela, por ejemplo, que Borges era un crítico implacable de sus textos, y que a a menudo lo utilizaba como un incentivo para mejorar su obra. Asimismo, se analiza cómo el ambiente de la casa de Ocampo, con sus cenas literarias y sus debates inteligentes, fue un factor fundamental en la producción de sus cuentos. Se ofrece una visión más profunda de las costumbres y las polémicas de la época, que influyeron en su obra y en su vida.
Además de su relación con Borges, el libro explora la compleja relación de Ocampo con su hermana Victoria Ocampo. Se analiza las rivalidades y las tensiones entre las dos hermanas, que fueron producto de sus diferentes personalidades y de sus diferentes caminos en la vida. Se revela que, a pesar de sus diferencias, las dos hermanas se admiraban mutuamente y que compartían algunos intereses comunes, como la literatura y el arte. Se observa que, aunque a veces se enfrentaban, su relación era compleja y ambivalente, marcada por el amor, el resentimiento y la admiración. Se destaca la dificultad para comprender la motivación de Ocampo, y la necesidad de aceptar su independencia y su desapego de las normas sociales.
El libro también explora la introspección de Ocampo, y su interés por los temas de la muerte, el dolor y la locura. Se revela que su propia vida personal estaba marcada por experiencias adversas, y que utilizaba su obra como un medio para procesar estas experiencias. Se analiza su interés por los animales, y su particular conexión con ellos, que se reflejaba en sus cuentos, donde los perros aparecían con frecuencia, a menudo como símbolos de soledad, de angustia o de incomunicación.
“La Hermana Menor” es un libro complejo y sorprendente que nos permite entender mejor la obra de Silvina Ocampo, y a la vez nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del arte, la relación entre la vida y la literatura, y la complejidad de la psicología humana. Es un descubrimiento de una figura excepcional, un intento de desvelar los misterios de una mujer que siempre se mantuvo en un ámbito de intrigas y de secretos.
Opinión Crítica de La Hermana Menor: Un Retrato Intimo y Perturbador
“La Hermana Menor” es, sin duda, uno de los libros más ambiciosos y, a la vez, más gratificantes, que se han publicado en los últimos tiempos sobre Silvina Ocampo. Mariana Enriquez ha logrado, con una investigación minuciosa y una prosa elegante, crear un retrato íntimo y perturbador de una figura que siempre se mantuvo en un cierto grado de distancia de la vida pública. La autora no se limita a recopilar datos biográficos, sino que va más allá, explorando las motivaciones, los sueños y los miedos de Ocampo, y revelando la complejidad de su personalidad.
La fortaleza del libro radica en su metodología investigadora. Enriquez utiliza una gran cantidad de fuentes (cartas, diarios, entrevistas, testimonios), y una atención minuciosa a los detalles. Esto permite a la autora crear un retrato lo más preciso y completo posible de Ocampo. Además, la prosa de Enriquez es elegante y descriptiva, y permite al lector involucrarse en la vida de Ocampo de manera profunda. El libro tiene algunas debilidades: a veces se pierde en descripciones excesivamente detalladas, y en ocasiones la abundancia de información puede resultar abrumadora. Sin embargo, estas son pequeñas quejas en un libro que, en general, es una obra maestra.
Enriquez también logra desmitificar la imagen de Ocampo que se ha construido a lo largo de los años. Se muestra una mujer real, con sus defectos y con sus virtudes, que siempre se mantuvo en un cierto grado de distancia de la vida pública. También pone en pruebas algunas de las teorías más populares sobre Ocampo, como las que la relacionaban con romances con Alejandra Pizarnik o con la madre del propio Bioy. El libro es una prueba de que la verdad a menudo es más interesante y más compleja de lo que podríamos imaginar. La obra es un admiración por la vida y obra de Silvina Ocampo.
«La Hermana Menor» es un libro imprescindible para todos aquellos que les interese la literatura argentina, y en particular, la obra de Silvina Ocampo. Recomendaría este libro a cualquier lector que busque una obra que sea al mismo tiempo intelectualmente estimulante y emocionalmente impactante. Es una obra que, sin duda, permanecerá en la memoria del lector por mucho tiempo.

