«Ella Cantaba Boleros» es una obra que reúne dos narraciones aparentemente separadas, pero que en su conjunto conforman una experiencia literaria sumamente rica y compleja. La primera, titulada «Ella Cantaba Boleros», es un relato de ambientación tropical, lleno de sensualidad, erotismo y un peculiar humor negro. La historia se centra en un personaje inolvidamente enigmático, un hombre que reside en la Habana y que dedica sus noches a escuchar a una mujer cantar boleros. La narración se construye a través de una serie de encuentros fortuitos, conversaciones ambiguas y descripciones detalladas que evocan la atmósfera decadente y vibrante de la ciudad. La trama es, a primera vista, simple, pero la profundidad psicológica de los personajes, la ambigüedad de las relaciones y la maestría del lenguaje de Infante la convierten en una obra de gran resonancia.
La segunda narración, «La Habana para un infante difunto», es una pieza mucho más sombría y reflexiva. En este relato, el narrador, un niño que regresa a la ciudad después de un largo período de ausencia, se enfrenta a la realidad de un entorno en descomposición, tanto física como moral. El texto explora temas como la pérdida, la memoria, la identidad y la naturaleza corrupta de la sociedad. La escritura, caracterizada por un tono melancólico y un lenguaje cargado de simbolismo, crea una atmósfera opresiva y desoladora que refleja el estado de ánimo del narrador. Es una obra que, en muchos sentidos, prefigura la temática que Infante retomaría con tanta fuerza en «Tres tristes tigres».
Ambas narraciones, a pesar de sus diferencias en estilo y tono, están unidas por la sensibilidad de Infante y por su capacidad para captar la esencia de la realidad a través del lenguaje. El autor utiliza el humor, la ironía y el erotismo para desentrañar las complejidades de la vida humana y para desafiar las convenciones narrativas. El resultado es una obra que invita a la reflexión y que permanece en la memoria del lector mucho tiempo después de haberla terminado de leer.
La estructura de «Ella Cantaba Boleros» es un elemento fundamental de su valor. La decisión de Infante de separar estas dos narraciones de sus obras originales, «La Habana para un infante difunto» y «Tres tristes tigres», no fue arbitraria. Fue el resultado de un proceso creativo complejo, impulsado por la influencia de sus amigos y colaboradores, Mario Vargas Llosa y Javier Marías. Vargas Llosa, reconocido por su visión global y su capacidad para analizar las estructuras narrativas, aconsejó a Infante que publicara «Ella Cantaba Boleros» como una obra independiente, en lugar de incluirla en «Tres tristes tigres» como un hilo conductor. Esta recomendación se basaba en la idea de que la narración era lo suficientemente fuerte y autónoma como para ser apreciada por sí misma.
Javier Marías, por su parte, contribuyó a la decisión al señalar que el último capítulo de «La Habana para un infante difunto» era, en sí mismo, una obra maestra, y que debería publicarse por separado. Marías, conocido por su perspicacia y su análisis minucioso, le hizo ver la perfección de esa pieza y su potencial para ser apreciada como un relato independiente. Esta «intervención» de Marías fue crucial para que Infante reconociera el valor intrínseco de ambas narraciones y para que decidiera unirlos en un volumen.
La unión de estas dos narraciones, a pesar de su aparente disonancia, resulta ser una estrategia narrativa audaz y efectiva. Al leer ambas historias juntas, el lector puede apreciar la diversidad de estilos y temas que Infante explora. En «Ella Cantaba Boleros», se encuentra una narración sensual y erótica, llena de imágenes vibrantes y personajes inolvidables. En «La Habana para un infante difunto», se descubre una reflexión más oscura y sombría sobre la decadencia y la pérdida. La «inventiva», como señala el propio Infante, permitió que estas dos narraciones, aparentemente diferentes, «se unieran y se encontraran» en una experiencia narrativa única.
Opinión Crítica de Ella Cantaba Boleros: Un Legado Inolvidable
«Ella Cantaba Boleros» es, sin duda, una de las obras más destacadas de Guillermo Cabrera Infante. Es un libro que desafía las convenciones narrativas y que invita a la reflexión sobre la condición humana. A pesar de su complejidad, el libro es accesible a lectores de diversos niveles de conocimiento. La habilidad de Infante para crear personajes inolvidables, para describir ambientes vibrantes y para utilizar el humor y la ironía hace de este libro una experiencia literaria inolvidable. La edición de Debolsillo es un acto de justicia, que permite que esta obra sea accesible a un público más amplio.
La «revelación» de «La Habana para un infante difunto» como obra independiente es un punto clave para entender la profundidad de la obra de Infante. Esta pieza, que había sido hasta entonces vista como un elemento de un todo más grande, se revela como una obra maestra por derecho propio. El «humor y erotismo propios de su literatura» se manifiestan de manera especialmente intensa en este relato, que se caracteriza por un tono melancólico y un lenguaje cargado de simbolismo. La habilidad de Infante para crear una atmósfera opresiva y desoladora es absolutamente asombrosa.
«Ella Cantaba Boleros» es una obra que merece ser leída y releída. Es un testimonio del talento de Guillermo Cabrera Infante, una exploración de las complejidades de la vida humana y una celebración de la belleza del lenguaje. La edición de Debolsillo, junto con la influencia de Vargas Llosa, Marías y otros, ha contribuido a asegurar que esta obra permanezca viva en la memoria de los lectores. «Guillermo Cabrera Infante era un muy, muy grande escritor» lo afirmaba Vargas Llosa, y esta afirmación encierra la verdad. Un legado invaluable para la literatura hispana.

