El núcleo de la “Teoría de los Sentimientos Morales” radica en la idea de que la moralidad no se deriva de reglas externas impuestas por la autoridad, sino de sentimientos intrínsecos que se generan a través de la simpatía y la empatía. Smith argumenta que los seres humanos poseen una capacidad natural para ponerse en el lugar de los demás, para experimentar sus alegrías y sus sufrimientos como si fueran propios. Esta capacidad, desarrollada especialmente a través de la crianza y la educación, es la base del sentido moral. El autor rechaza la noción de que la moralidad es simplemente una cuestión de obediencia al deber, considerando que el comportamiento moral surge de un deseo inconsciente de evitar el sufrimiento propio y ajeno.
Para Smith, los individuos, en su búsqueda de la satisfacción de sus propios intereses, no actúan de forma egoísta en el sentido clásico del término. Más bien, su interés propio los lleva a desarrollar un sentido de la obligación moral hacia aquellos con quienes comparten una relación social. El autor enfatiza que la simpatía no es un simple sentimiento, sino un proceso cognitivo complejo que nos permite comprender las motivaciones y los sentimientos de los demás. A través de la simpatía, el individuo se convierte en consciente de las consecuencias morales de sus acciones, y adquiere un sentido de la responsabilidad hacia la sociedad. Este proceso, a su vez, genera un sentimiento de agravio cuando se observa que otro individuo sufre, y motiva al actor a evitar ese sufrimiento, incluso si eso implica un sacrificio personal. El autor distingue entre el «egoísmo» y el «interés propio» como motivaciones fundamentales, reconociendo que la primera es más propensa a acciones inmorales.
La teoría de Smith se basa en una profunda observación de la naturaleza humana. El autor sostiene que la mayoría de los individuos son, en esencia, “buenos” en el sentido de que tienden a desear el bienestar de la sociedad. No obstante, este bienestar social no proviene de un sentido deliberado del deber, sino de un sistema de sentimientos que se desarrollan a través de la experiencia social. La educación, en particular, juega un papel fundamental en este proceso, pues estimula la simpatía y la capacidad de empatía. Asimismo, la estructura social, a través de instituciones como la familia y la comunidad, contribuye a reforzar este sentimiento moral. De hecho, Smith argumenta que el sistema social, en su conjunto, es un instrumento para promover el bienestar de todos sus miembros. La justicia, la libertad y la prosperidad, en su opinión, son producto de la capacidad de los individuos para sentir y actuar de forma moral.
La “Teoría de los Sentimientos Morales” presenta una visión innovadora de la moralidad, que se aleja de las concepciones tradicionales basadas en la ley o el deber. Smith, a través de argumentos sutiles y cuidadosamente construidos, demuestra que la moralidad no es una cuestión de imposición externa, sino de sentimientos internos que se desarrollan a través de la experiencia social. El autor defiende que los individuos, motivados en gran medida por su interés propio, pueden contribuir al bienestar social si desarrollan un sentido de simpatía y empatía hacia los demás.
El concepto central de la obra es el de «agravio», que Smith describe como un sentimiento de incongruencia moral que surge cuando observamos el sufrimiento de otro individuo. Este sentimiento, en su opinión, es la fuente de la acción moral. El «agravio» no es una reacción racional, sino un sentimiento intuitivo que nos motiva a actuar para aliviar el sufrimiento de los demás. Smith utiliza ejemplos concretos, como la del “dueño de un establo” (un tipo de mercader de ganado), para ilustrar cómo esta simpatía puede conducir a acciones morales que benefician a la comunidad. El autor explica que el dueño del establo, ante la visión del sufrimiento de sus ganados, puede sentir «agravio» y actuar para mejorar las condiciones en las que se encuentran estos animales, lo que beneficia a la comunidad en su conjunto.
Además, Smith subraya la importancia de la educación y la estructura social en el desarrollo de los sentimientos morales. Considera que la educación estimula la capacidad de empatía, permitiendo a los individuos comprender mejor las motivaciones y sentimientos de los demás. Asimismo, la estructura social, a través de instituciones como la familia y la comunidad, contribuye a reforzar este sentimiento moral, estableciendo normas y valores que promueven el bienestar de todos sus miembros. Smith no defiende un ideal de moralidad puramente abstracta, sino una moralidad que está cimentada en la realidad social y en la experiencia humana. Por tanto, su teoría es particularmente relevante para comprender la relación entre la moralidad y la sociedad.
Opinión Crítica de La Teoría De Los Sentimientos Morales
La “Teoría de los Sentimientos Morales” de Adam Smith, traducida magistralmente por Carlos Rodríguez Braun, es una obra de una lucidez y una profundidad que superan su época. La contribución de Smith es innegable: establecer que la moralidad no es un mero producto de la razón, sino un complejo sistema de sentimientos que surge de la interacción social, es un hito en la historia del pensamiento ético. Sin embargo, a pesar de su brillantez, la teoría de Smith también presenta algunas limitaciones que merecen ser consideradas.
Una de las críticas más frecuentes a la teoría de Smith es su tendencia a una visión demasiado optimista de la naturaleza humana. Si bien Smith reconoce que los individuos pueden actuar de forma egoísta, su argumento predominante es que la mayoría de los humanos son inherentemente buenos y dispuestos a actuar moralmente si se les estimulan los sentimientos de simpatía y empatía. Esta visión puede ser demasiado idealista, y ignora la existencia de personas que son consistentemente malvadas o que son incapaces de desarrollar un sentido moral. No obstante, este optimismo es parte integral de la filosofía de Smith, y es precisamente por eso que su teoría es tan influyente y resiliente.
A pesar de esta crítica, “La Teoría de los Sentimientos Morales” continúa siendo un texto fundamental para comprender la relación entre la moralidad y la sociedad. La obra ofrece una perspectiva valiosa sobre la importancia de la simpatía, la empatía y la comunicación en la construcción de una sociedad justa y próspera. Además, la teoría de Smith presenta un argumento sólido contra el determinismo y el nichilismo, mostrando que la moralidad no es un simple producto de la razón o de las circunstancias sociales, sino un fenómeno que surge de la capacidad humana para sentir y comprender los sentimientos de los demás. Se recomienda la lectura de esta obra a cualquier persona interesada en la filosofía moral, la economía y la sociedad, y se la considera una obra que sigue siendo tan relevante hoy como lo fue en el siglo XX.

