La obra narra en detalle la ocupación de Zaragoza por parte de las tropas napoleónicas a partir de 1808, pero se centra primordialmente en la resistencia de la ciudad, desde el estallido de la guerra carlista hasta la retirada de los franceses en 1809. “Zaragoza No Se Rinde” no se limita a describir las batallas, sino que se adentra en la vida cotidiana de la ciudad durante la ocupación, explorando las estrategias de resistencia de la población, las acciones de los grupos de guerrillas, y el papel de figuras clave como el Conde de San Juan de la Ciudad y el propio Francisco de Goya, quien, a pesar de no estar presente físicamente, se convirtió en el alma de la resistencia a través de sus dibujos y grabados.
La narración se estructura cronológicamente, desarrollando minuciosamente la estrategia de defensa implementada por los ciudadanos, que incluía el bloqueo de las puertas de la ciudad, la organización de milicias populares, y la utilización del terreno circundante para hostigar a las tropas francesas. El libro destaca cómo la población, desde el más humilde labrador hasta el noble más acomodado, respondió con valentía y determinación al ataque, convirtiendo la defensa de la ciudad en un acto de defensa de la patria. Además, la obra no rehúye la brutalidad de la guerra, retratando el sufrimiento de la población civil, las ejecuciones sumarias, y la destrucción de propiedades.
El libro también presta especial atención al papel de la comunicación y la propaganda, mostrando cómo los zaragozanos, a pesar de la censura impuesta por los franceses, encontraron formas de difundir mensajes de resistencia y de animar a la población a luchar por su libertad. La información obtenida de fuentes de inteligencia, tanto de espías locales como de información enviada por el ejército español, jugó un papel crucial en la estrategia de defensa. La captura y el posterior interrogatorio de prisioneros franceses proporcionó información valiosa sobre los planes y movimientos del enemigo.
La obra se centra en el episodio de la «Marcha de la Santa Humillación» en 1809, donde una importante delegación de nobles y religiosos, con el apoyo del gobierno español, intentó capturar la bandera de Napoleón, que se encontraba en la catedral de Zaragoza, como un acto de desafío y de símbolo de la resistencia. Este episodio, aunque fallido en su objetivo principal, resultó ser un catalizador para la resistencia, profundizando el fervor patriótico y, paradójicamente, intensificando la ocupación francesa. «Zaragoza No Se Rinde» analiza con profundidad las motivaciones detrás de este acto, destacando el papel del influyente Conde de San Juan de la Ciudad, quien, aunque enfrentado a la delación de algunos miembros de la nobleza, símbolizó el espíritu de resistencia.
La obra también se adentra en la estratégica retirada de la ciudad en 1809, una operación cuidadosamente planeada para evitar un cerco total y una posible destrucción. La retirada, liderada por San Juan de la Ciudad, fue un acto de valentía y de inteligencia, que permitió a los zaragozanos salvar una parte de su ciudad y continuar la lucha contra los franceses. El libro describe con detalle las dificultades logísticas y militares de la operación, destacando el papel de los guías locales y de la inteligencia de la milicia.
Más allá de los eventos militares, “Zaragoza No Se Rinde” examina el impacto de la ocupación francesa en la vida social y económica de la ciudad. El libro ilustra la destrucción de instituciones como la universidad y la Real Fábrica de Tapices, la supresión de la libertad de prensa, y el control de la población por parte de las autoridades francesas. Sin embargo, también destaca las iniciativas locales para mantener la vida social y cultural, como la creación de grupos de teatro y de música, y el apoyo a las familias de los soldados muertos en combate.
Opinión Crítica de Zaragoza No Se Rinde (1808-1809)
“Zaragoza No Se Rinde” es un estudio exhaustivo y bien documentado que ofrece una visión profunda y matizada de la heroica defensa de Zaragoza durante las Guerras Napoleónicas. La obra destaca por su rigor histórico, su atención al detalle, y su capacidad para recrear el ambiente y el espíritu de la época. La cuidadosa investigación del autor, combinada con el uso de fuentes primarias y secundarias, proporciona una comprensión completa de los eventos que ocurrieron en la ciudad, y del papel que desempeñó en la lucha por la independencia española.
Sin embargo, la obra no está exenta de críticas. Aunque el autor logra mantener un tono objetivo y neutral, se podría haber profundizado aún más en algunos aspectos, como el papel de las clases bajas en la resistencia, o en la relación entre la resistencia zaragozana y otros movimientos independentistas en España. No obstante, esta es una obra que merece ser leída y estudiada por aquellos que estén interesados en la historia de España, y en las complejidades de la lucha por la libertad.
«Zaragoza No Se Rinde» es una lectura imprescindible para aquellos que deseen comprender el significado de la resistencia en un momento crucial de la historia española. La obra contribuye a desmitificar la imagen de Zaragoza como una simple «ciudad caida», presentándola como un símbolo de valor, coraje, y determinación. Recomendamos este libro a estudiantes, investigadores, y a todos aquellos que estén interesados en descubrir las historias de héroes anónimos, y en comprender el significado de la memoria histórica.


