La novela se centra en el regreso de Vlad Radu, un conde europeo de origen rumano, un ser milenario que ha sobrevivido a guerras, hambrunas y la muerte a lo largo de siglos. Habiendo presenciado el declive de su imperio ancestral en Europa, Vlad decide, con una frialdad calculada, abandonar el continente y establecerse en la «Localidad de México». Su objetivo no es simplemente sobrevivir; busca reestablecer su poder, su imperio, una idea que parece desfasada en la sociedad moderna, pero que en la mente de Vlad sigue siendo primordial.
Para lograr este ambicioso objetivo, Vlad recurre a los servicios de Yves Navarro, un abogado de dudosa reputación, y a su esposa, Asunción, una agente inmobiliaria con un pasado misterioso y una conexión inquietante con un retrato antiguo que guarda. La relación entre estos tres personajes, y su creciente terror ante la presencia de Vlad, es fundamental para la construcción del ambiente opresivo que caracteriza la novela. El lector se siente atrapado en un juego mortal, donde la lógica y el sentido común son cada vez más difíciles de mantener. Asunción, en particular, es una figura clave, cuyo «enigmático semejante con una mujer retratada en una antigua fotografía» representa un oscuro vínculo con la historia de Vlad, una conexión que resulta ser crucial para entender sus motivaciones y sus planes.
A medida que Vlad se adapta a su nueva realidad, comienza a influir en la Localidad de México, utilizando su poder y su capacidad para manipular a la gente. Se infiltra en las instituciones, corrompe a los políticos y, lo que es más inquietante, despierta algo primario en la población. La novela no se limita a mostrar la depredación de Vlad, sino que explora la vulnerabilidad de la sociedad, su capacidad para ser influenciada por fuerzas oscuras y su incapacidad para defenderse. La indiferencia de la policía local, tan solo agrava la situación, transformando la Localidad de México en un caldo de cultivo para el terror.
La trama se desarrolla a través de la perspectiva de Yves Navarro, el abogado contratado por Vlad para legitimar sus acciones y facilitar su acceso al sistema legal de la Localidad de México. Navarro, un hombre cínico y desilusionado, se ve arrastrado a un mundo de conspiraciones y horror, donde sus habilidades legales se convierten en un instrumento de la corrupción. La relación entre ambos es tensa y llena de desconfianza, ya que Navarro lucha por mantener su cordura y su moralidad ante la presencia de un ser que desafía toda comprensión.
El relato se entrelaza con la historia de Asunción, quien, a través del retrato antiguo, parece estar conectada con el pasado de Vlad. Esta conexión, que eventualmente se revela como un lazo ancestral, añade una capa adicional de misterio y terror a la novela. La fotografía no es simplemente un objeto decorativo, sino un portal a un pasado oscuro y violento, y Asunción se convierte en un personaje crucial para entender el origen del poder de Vlad. Se sugiere que la fotografía no es solo un retrato, sino la representación de un pacto, un acuerdo que permite a Vlad mantener su vida, y que Asunción, de alguna manera, es parte integral de este ciclo de terror.
A medida que la historia avanza, la Localidad de México se sume en el caos. Las desapariciones de personas se multiplican, las autoridades se muestran ineficaces y la paranoia se extiende entre la población. La influencia de Vlad se extiende como una sombra, corrompiendo todo lo que toca. No se trata solo de ataques físicos, sino de una manipulación psicológica que desorienta y debilita a sus víctimas. La novela, de manera magistral, plantea la pregunta de si el verdadero horror reside en la capacidad de Vlad para matar, o en su habilidad para despojar a la gente de su cordura y su esperanza. La novela enfatiza la idea de que el poder de Vlad no es solo físico, sino también mental, y que el verdadero terror se encuentra en la pérdida del control y la capacidad de resistencia.
Opinión Crítica de Vlad: Un Retorno del Terror en la Era Moderna
«Vlad» es, sin duda, una novela que regresa al género de terror lo que nunca antes había sido, de forma inesperada, y no obstante, se presenta como una obra de un autor maduro que se aferra a un estilo narrativo que le pertenece, y que se aprovecha a la perfección de la tensión entre la historia y la realidad. La crítica de Soho, que proclama que «se comienza a leer a las nueve de la noche, se acaba a las 10 y te deja con el ojo como plato hasta las ocho de la mañana», es acertada: la novela se consume con una intensidad que deja al lector exhausto y profundamente perturbado.
La novela de Carlos Fuentes es un ejercicio de brillantez narrativa. La fuerza del libro reside en la desconstrucción del personaje del vampiro. Fuentes no ofrece una versión glamorosa o romántica del vampiro; en cambio, presenta a Vlad como un depredador despiadado, un ser anticuado y desorientado en un mundo que ya no comprende. Este enfoque, y la relevancia de «Vlad» para la cultura moderna, es lo que hace que la novela sea tan impactante. Se apropia de un mito clásico para hacer una crítica tanto del poder como del destino, y lo hace con una sutileza y una profundidad que permiten que el libro transcenda el género del terror.
El Economista ha realizado un comentario certero al definir a Vlad como un «vampiro bestial, despiadado y milenario.» Esta descripción captura la esencia de la novela. No obstante, lo que realmente distingue a «Vlad» es la forma en que Fuentes explora los temas de la corrupción, la codicia y la pérdida de la fe. A través de la figura de Vlad, el autor nos invita a reflexionar sobre los males que acechan en la sociedad moderna, y sobre la incapacidad de la humanidad para resolver sus propios problemas. La novela, además, es una condena implícita a la complacencia y la pasividad que a menudo caracterizan a la sociedad, y que permiten que el mal se establezca y se proclive. “Vlad” es un clásico moderno, un libro que seguramente permanecerá en la memoria de los lectores para muchos años más.
