El tratado, en su edición bilingüe, nos ofrece un profundo análisis del problema de la caída del demonio, articulado principalmente a través del argumento de Anselmo de Canterbury. Anselmo, consciente de la aparente contradicción entre la omnipotencia y la bondad de Dios y la existencia del mal, se propone, en el tratado, demostrar que, bajo ciertas premisas lógicas, la existencia del demonio no es una contradicción a la propia naturaleza divina. El libro se centra en la idea de que el
, la capacidad de elegir libremente entre el bien y el mal.
Anselmo desarrolla su argumento paso a paso, utilizando la lógica y la dialéctica para responder a las posibles objeciones. Considera, por ejemplo, la posibilidad de que Dios haya creado al demonio con la intención de que el cayera en el mal. La refuta argumentando que, si Dios es infinitamente bueno, no podía haber creado un ser con el propósito de que el cayera en el mal. Esta objeción, aparentemente lógica, se responde argumentando que la
que hoy pueden parecer poco convincentes, como la fuerte insistencia en la noción del libre albedrío como un elemento intrínsecamente bueno.
A pesar de estas limitaciones, el tratado ofrece una perspectiva valiosa sobre la relación entre la creación y el mal. La idea de que el mal surge de la corrupción de la bondad, en lugar de ser una obra de un Dios malvado, es una perspectiva que ha influenciado muchas corrientes teológicas a lo largo de la historia. Además, el tratado nos ayuda a comprender la importancia de la responsabilidad en la relación entre Dios y la humanidad.
Recomendamos la lectura del tratado con una actitud crítica y consciente. Es esencial reconocer que el argumento de Anselmo está limitado por el contexto histórico y filosófico de su epoca. Sin embargo, estudiar el tratado nos proporciona una comprensión más profunda de los desafíos que planteó la conciliación de la fe y la razón, y de la evolución del pensamiento sobre el origen del mal. Unificaría la crítica, quizá, en la relevancia de el debate en el siglo XX, cuando la reflexión sobre el libre albedrío, y sobre el concepto de «causa primera», resultaron ser objetos de debate y de enorme importancia para la teología y la filosofía.

