El libro comienza con Sheila Levine, una mujer de 30 años que vive en un pequeño apartamento en el West Village de Nueva York. Su vida es, en su mayoría, unremarkable: trabaja como asistente de un editor de una pequeña editorial, tiene una mejor amiga llamada Claire (más alta y más flaca) y pasa su tiempo libre comiendo pizza y viendo películas. Sheila no es una mujer ambiciosa; no tiene planes a largo plazo y rara vez piensa en el futuro. Para ella, el futuro es simplemente «futuro» – un concepto abstracto y lejano que no le preocupa en absoluto. Sin embargo, cuando completa 30 años, se da cuenta de que sigue siendo soltera y que, a pesar de sus intentos, no ha logrado encontrar un compañero.
Este despertar repentino le produce una profunda sensación de frustración y desesperación. Sheila, que siempre ha sido bastante despreocupada, se siente atrapada en una especie de limbo existencial. Comienza a cuestionar sus elecciones de vida, su amistad, su trabajo y, sobre todo, su futuro. La presión social, la idea de que debería estar casada y tener hijos, la intensifica. Sus intentos de encontrar un novio son un desastre: se encuentra con hombres que le parecen terribles, se enamora a primera vista de su mejor amiga Claire, o se enfrenta a situaciones ridículas, como cuando un potencial pretendiente solo busca comunicarle el alquiler. Estos encuentros, aparentemente triviales, revelan la superficialidad y las expectativas poco realistas de la sociedad moderna.
En su desesperación, Sheila decide escribir una nota de suicidio, una especie de testamento, una forma de explicar por qué ha tomado esta decisión. En la nota, explora sus frustraciones, sus miedos y sus sueños, y reflexiona sobre su vida hasta ese momento. La nota es tan honesta y perspicaz que se ha convertido en un documento emblemático. Más que un plan de suicidio, la nota es una exploración de la identidad, el deseo y la búsqueda de significado en la vida. La nota revela la profunda tristeza que se esconde tras la fachada despreocupada de Sheila. El lector se siente atraído por esta persona enigmática, que se siente completamente abandonada y con la sensación de que ha perdido el rumbo.
La nota también es un reflejo del estilo de vida neoyorquino, con sus pequeñas decepciones y sus momentos de banalidad. Sheila describe con detalle sus visitas al Central Park, sus cenas en pizzerías, sus conversaciones con amigos y su experiencia en la Editorial. Estas escenas, aparentemente inconexas, forman un tapiz que revela el mundo interior de Sheila y su lucha por encontrar su lugar en la ciudad. Además, la nota incluye detalles absurdos y cómicos, como su intento de aprender a tocar el ukelele o su intento de robar un bocadillo de jamón, que contribuyen al tono característico del libro.
Después de escribir la nota de suicidio, Sheila se encuentra en una encrucijada. Sabe que la nota es un reflejo de su desesperación, pero no está segura de si puede o quiere vivir. Pasa días y noches sin dormir, reflexiona sobre su vida y decide que lo mejor que puede hacer es poner sus cosas en orden y preparar un final digno. Este proceso de «ordenamiento» se convierte en una especie de viaje de autodescubrimiento, en el que Sheila confronta sus miedos y sus inseguridades.
En su búsqueda de respuestas, Sheila se acerca a su mejor amiga Claire, una mujer atractiva y segura de sí misma que trabaja como diseñadora gráfica. Entre las dos se produce una atracción física, pero también una profunda conexión emocional. Sheila se siente atraída por la confianza y la inteligencia de Claire, pero también se siente culpable por sus sentimientos, ya que sabe que Claire es su mejor amiga. Esta ambivalencia, junto con su falta de confianza en sí misma, la lleva a cuestionar aún más su identidad y su futuro.
La situación se complica aún más cuando Sheila conoce a un hombre llamado Jonathan, un editor que trabaja en la misma editorial que ella. Jonathan es encantador y atento, pero Sheila no está segura de que lo ama. En lugar de una atracción romántica, Jonathan parece interesado en ella como una forma de asegurarse que ella tiene un lugar de trabajo estable. Sheila se da cuenta de que está siendo utilizada y que sus sentimientos por Jonathan son, en realidad, una ilusión.
En un instante de lucidez, Sheila toma la decisión final: se suicida. Escribe una nota más extensa, en la que explica sus pensamientos y sentimientos con mayor detalle, y en la que agradece a Claire por su amistad y por haberle mostrado la belleza de la vida. La nota se convierte en un testamento a su vida, a sus errores y a sus sueños. Antes de llevar a cabo su decisión, Sheila deja un mensaje para sus amigos y familiares, en el que les pide que no la recuerden como una «fracción» o una «desgracia».
Opinión Crítica de Sheila Levine Esta Muerta Y Vive En Nueva York
«Sheila Levine Esta Muerta Y Vive En Nueva York» es una obra sorprendentemente conmovedora y, a la vez, profundamente divertida. Esther Freud ha logrado crear un personaje inolvidable, una mujer ordinaria que, a través de su angustia y su desesperación, nos obliga a reflexionar sobre nuestras propias vidas y sobre las presiones que enfrentamos en la sociedad moderna. La novela no es un melodrama convencional; es, en cambio, una exploración honesta y sin adornos de la identidad, el deseo y la búsqueda de sentido en un mundo cada vez más superficial.
La fuerza del libro reside en la voz de Sheila. Es una voz auténtica, imperfecta, a veces irritante, pero siempre honesta. Su prosa es clara y directa, y su humor es sutil y afilado. La novela no tiene miedo de mostrar la vulnerabilidad y la debilidad de Sheila, y es precisamente esta honestidad la que la hace tan cercana y relatable. Además, la novela es una crítica mordaz de la sociedad de consumo y de las presiones que ejercemos sobre nosotros mismos para alcanzar el éxito. La idea de que Sheila necesita casarse y tener hijos, como una forma de llenar el vacío de su vida, es una burla a las expectativas sociales.
Sin embargo, la novela no se limita a ser una crítica social. También es una celebración de la amistad, el amor y la belleza de las pequeñas cosas. Sheila encuentra alegría en las cosas simples de la vida, como comer pizza, ver películas y pasear por Central Park. Estos momentos de felicidad, a menudo fugaces, le recuerdan que la vida, incluso en sus momentos más difíciles, puede ser hermosa. Además, el libro posee un tono cómico que sirve para aliviar la tensión y para mostrar la absurdidad de algunas situaciones. “Sheila Levine Esta Muerta Y Vive En Nueva York” es una lectura esencial para cualquiera que se interese en la literatura contemporánea. Es una novela que te hará reír, llorar y, sobre todo, pensar. Se recomienda encarecidamente para aquellos que disfruten de las obras de autores como Sally Rooney o Bret Easton Ellis, por su capacidad para combinar drama, humor y crítica social.



