En un mundo cada vez más marcado por la desigualdad, la crisis climática y el conflicto, es fácil caer en el pesimismo. Sin embargo, “Otro Mundo Es Posible Si…” de Susan George nos invita a un ejercicio de esperanza y, sobre todo, a una profunda reflexión sobre la posibilidad de construir un futuro diferente. La obra no se limita a un diagnóstico de los problemas que nos aquejan, sino que, influenciada directamente por el
en la construcción de un futuro mejor.
“Otro Mundo Es Posible Si…” se centra en la idea de que la actual estructura del sistema internacional, basada en el libre mercado sin control y en la acumulación de capital, es inherentemente insostenible y generadora de injusticia. George argumenta que el Informe Lugano, que detalla las consecuencias devastadoras del modelo económico global, no solo debe ser tomado como una advertencia, sino como el punto de partida para una nueva forma de pensar y actuar. El libro explora cómo las políticas de libre comercio, la globalización y el neoliberalismo han exacerbado la pobreza, la desigualdad y la degradación ambiental, creando una realidad en la que la mayoría de la población mundial vive con acceso limitado a los recursos básicos.
La autora no solo critica el sistema, sino que también propone alternativas concretas. El concepto de “otro mundo” que George describe se basa en un acceso universal a elementos esenciales para la vida digna: alimentos suficientes, agua potable, vivienda adecuada, educación básica, atención médica y servicios públicos. Para lograr esto, el libro aboga por una redefinición del campo internacional, pasando de un modelo basado en la competencia y la explotación a una estructura donde la cooperación, la solidaridad y la justicia sean los valores predominantes. Además, resalta la importancia de la democratización del poder a nivel global, en lugar de dejar que las decisiones importantes estén en manos de una élite financiera y política.
El núcleo del libro radica en la idea de que la verdadera riqueza no reside en las cifras de PIB, sino en el bienestar de la población. George critica la lógica de la acumulación de capital como motor del desarrollo, argumentando que esta lógica, llevada a su extremo, genera exclusión social y ambiental. Propone, en su lugar, una economía centrada en las personas y en el planeta, donde se priorice la satisfacción de las necesidades básicas y la sostenibilidad a largo plazo. Esta transformación requiere un cambio fundamental en los valores y en las prioridades de la sociedad, pasando de la búsqueda del beneficio individual al bien común.
El libro profundiza en las fuentes de financiamiento necesarias para este «otro mundo». George identifica el campo internacional como una de las principales fuentes, aunque no en su forma actual, sino reformado para garantizar que los recursos se utilicen para el beneficio de la humanidad y no para la especulación financiera. También destaca el potencial de los beneficios de las megaempresas, pero exige que estas empresas asuman su responsabilidad social y que paguen impuestos de manera justa. Además, propone la cancelación de las deudas de los países pobres y la clausura de los paraísos fiscales, donde la evasión fiscal alimenta la desigualdad y dificulta la recaudación de fondos para proyectos de desarrollo. Finalmente, propone un comercio justo, que aborde las desigualdades en las relaciones comerciales entre países desarrollados y países en desarrollo.
Opinión Crítica de Otro Mundo Es Posible Si. (2ª Ed.): con crítica y recomendaciones.
“Otro Mundo Es Posible Si…” es un libro esencial para comprender los desafíos del siglo XXI y para inspirarse en la búsqueda de soluciones. La argumentación de Susan George es sólida, respaldada por una extensa investigación histórica y económica. Su análisis sobre el Informe Lugano, y las consecuencias del neoliberalismo, es contundente y provoca la reflexión. Sin embargo, el libro presenta un optimismo que, en ocasiones, podría ser considerado ingenuo. Si bien George ofrece soluciones concretas, el camino para implementarlas es extremadamente complejo y enfrenta la resistencia de poderosos intereses.
A pesar de esta crítica, el libro sigue siendo un llamado a la acción vital. Una recomendación clave sería enfocarse en la necesidad de una democratización real del poder global. La simple propuesta de un “campo internacional” reformado no es suficiente; se necesita una verdadera participación de la sociedad civil, de los movimientos sociales y de los gobiernos locales en la toma de decisiones que afecten al planeta. También sería útil profundizar en estrategias concretas para empoderar a las comunidades locales y a los pequeños productores, que son los que verdaderamente pueden contribuir a la construcción de una economía más justa y sostenible. Finalmente, el libro podría beneficiarse de una mayor exploración de las innovaciones y los modelos económicos alternativos que ya están surgiendo en todo el mundo, como la economía circular, el cooperativismo y las monedas locales.
