“Magnetizado”, la novela de Carlos Busqued publicada por Anagrama, no es simplemente un relato de crímenes. Es una inmersión inquietante en la psique de un individuo, un espejo distorsionado de la sociedad argentina de 1982 y un interrogante sobre la naturaleza de la locura. La obra se construye a partir de una crónica literaria, una narrativa que no busca ofrecer respuestas fáciles, sino explorar las complejidades de un caso que, desde el principio, desgarra las estructuras de la lógica y el sentido común. El libro nos invita a confrontar con la fragilidad de la realidad, con la posibilidad de que, bajo la superficie de lo cotidiano, se escondan fuerzas oscuras y perturbadoras. La novela se centra en un caso real, los asesinatos de Buenos Aires de 1982, pero lo aborda desde una perspectiva que prioriza la experiencia subjetiva, la voz del propio asesino, lo que provoca una desorientación deliberada en el lector y una reflexión profunda sobre la responsabilidad del narrador.
La obra de Busqued desafía la idea convencional del género de suspense y terror. No se basa en la acción violenta o en la creación de una atmósfera de opresión. Su fuerza reside en la meticulosa reconstrucción del caso y en la exploración de la personalidad del asesino, que, al mismo tiempo que resulta aterrador, genera una profunda empatía. «Magnetizado» es un experimento literario audaz que cuestiona las categorías del bien y del mal, la normalidad y la locura, y la forma en que elocuimos sobre la violencia. Es un libro que permanece en la memoria, incomodando y provocando reflexiones a largo plazo.
La novela se desarrolla a lo largo de una semana espectral en septiembre de 1982, en el corazón de Buenos Aires. Cuatro asesinatos nocturnos, aparentemente aislados, que comparten una extraña similitud: la brutalidad, la precisión y la carencia de motivo aparente. Las víctimas son cuatro hombres, de diferentes edades y condiciones sociales, pero cada asesinato se ejecutó con la misma frialdad y sin dejar rastros evidentes. Estos crímenes, que parecen sacados de un sueño febril, desestabilizan la ciudad y generan un clima de paranoia. La policía, desbordada y frustrada, se lanza a una búsqueda desesperada, pero el asesino, aún invisible, se ha convertido en un fantasma. El relato se centra en la conversación entre el escritor Carlos Busqued y el propio asesino, un postadolescente de diecinueve años, encarcelado en el hospital psiquiátrico del complejo penal de Ezeiza. Este encuentro, capturado a través de grabaciones de entrevistas, permite al lector acceder directamente a la mente del criminal, ofreciendo una visión sin filtros de sus pensamientos y motivaciones, o más bien, de su falta de ellas.
La narración alterna entre el presente, donde el escritor interroga al paciente, y reconstrucciones detalladas de los asesinatos, basadas en informes policiales, documentos forenses y recortes de diarios. El personaje del asesino, al que llamaremos “el muchacho”, es una figura enigmática, cuya personalidad resulta ser un complejo entramado de rasgos psicológicos perturbadores. Los médicos y psicólogos lo describen como un individuo con un «cuadro delirante crónico, coincidente con parafrenia o paranoia», «psicópata esquizo perverso histérico» y «autista». Se le diagnostica con «trastorno de personalidad antisocial con núcleos esquizoides» y se le considera un «usado público» después de la investigación. La clave del misterio reside en su discurso aparentemente normal, carente de incoherencias ni de desvariaciones, que confunde aún más al lector. El muchacho no sólo confiesa los crímenes, sino que también ofrece una descripción fría y desapasionada de ellos, desmitificando la violencia y transformándola en un acto mecánico, casi automático.
La novela se presenta como una reconstrucción meticulosa del caso de los asesinatos de 1982, pero también como un ejercicio de experimentación narrativa. El libro no es una historia de detectives convencional, sino más bien una “pieza de espejo” que refleja la oscuridad interior del protagonista y, por extensión, los temores y ansiedades de la sociedad argentina de la época. A través de la voz del asesino, Busqued nos muestra un universo paralelo donde la lógica y el sentido común se desmoronan, y donde la realidad se convierte en un mero constructo subjetivo. La fuerza de la novela radica en su ambigüedad y en su capacidad para generar preguntas más allá de la resolución del misterio. ¿Qué motiva a un joven de diecinueve años a cometer estos crímenes atroces? ¿Es la locura la verdadera causa, o es la sociedad, con sus desigualdades y sus frustraciones, la que lo ha llevado al borde del abismo?
La estructura narrativa, fragmentada y no lineal, refleja la propia mente del asesino, que se mueve entre la realidad y la fantasía, entre la lucidez y la confusión. Las escenas de los asesinatos, descritas con un estilo preciso y desapasionado, son particularmente perturbadoras. Busqued no rehúye la violencia, pero tampoco la glorifica. En cambio, la presenta como una fuerza ciega e incontrolable, que puede ocurrir a cualquier persona, sin necesidad de una causa o un motivo. La novela explora la relación entre la enfermedad mental y el crimen, la responsabilidad del individuo y la responsabilidad de la sociedad, y la dificultad de comprender a aquellos que, por su condición o por su forma de ver el mundo, se encuentran al margen de lo normal. El final de la novela no ofrece respuestas fáciles, sino que profundiza en la incertidumbre y en la incomodidad, dejando al lector con una sensación de inquietud y de desconfianza.
Opinión Crítica de Magnetizado: largos y detallados.
“Magnetizado” es una obra maestra de la literatura argentina contemporánea, un libro que desafía al lector a cuestionar sus propias ideas sobre la locura, la violencia y la naturaleza humana. Carlos Busqued ha logrado crear un relato que es a la vez inquietante, perturbador y profundamente conmovedor. La novela no es fácil de leer, pero su fuerza reside precisamente en su ambigüedad y en su capacidad para generar preguntas. La forma en que Busqued ha construido la narrativa, combinando la voz del asesino con la reconstrucción de los hechos, crea un efecto de desorientación y de incertidumbre que nos obliga a reconsiderar lo que creemos saber. La novela no busca ofrecer soluciones, sino que se centra en explorar las zonas grises de la experiencia humana.
La experimentación narrativa de Busqued es arriesgada, pero también éxito. La figura del asesino, presentada como un sujeto complejo y contradictorio, nos obliga a replantearnos nuestras propias nociones de bien y mal. El libro se acerca a la exploración de la psique humana de una forma excepcionalmente poderosa, y se le puede considerar como una obra cumbre del género de la novela negra psicológica. Es una lectura que requiere tiempo y atención, pero que, a cambio, ofrece una recompensa intelectual y emocional. Se recomienda a lectores que aprecien la literatura experimental, la narrativa psicológica y las obras que invitan a la reflexión. Es una novela que permanecerá en la mente del lector, y que lo hará cuestionar su percepción de la realidad.


