La historia comienza con Rus, un perro de raza desconocida, y de carácter bastante peculiar. Es un perro que, en palabras de su dueño, es “un desastre total”. Aunque es un perro lindo y con una gran cantidad de energía, se siente profundamente infeliz porque, a diferencia de todos los demás perros del mundo, él no tiene un oficio. Observa con tristeza a los perros pastores cuidando ovejas, a los perros de compañía recibiendo caricias y mimos, e incluso a los perros guardianes protegiendo sus casas, y se da cuenta de que él es un «ni» en todo eso. Esta sensación de inutilidad lo consume y lo hace sentir profundamente triste.
La frustración de Rus lo lleva a un viaje de autodescubrimiento. Decide, entonces, que debe encontrar un oficio para él mismo. Comienza a explorar diferentes posibilidades, participando en diversas actividades y tratando de aprender nuevas habilidades. Intenta ser un perro de caza, un perro de carreras, incluso un perro de baile, pero en todas las ocasiones, fracasa estrepitosamente. En cada intento, se siente aún más desanimado y confundido. La historia se convierte, entonces, en una búsqueda de identidad y un ejemplo de cómo, a veces, la búsqueda del propósito de la vida es tan importante como el propio oficio.
La situación de Rus toma un giro inesperado cuando, mientras realiza una de sus exploraciones, se encuentra en un yacimiento paleontológico. Allí, a través de su agudo sentido del olfato y su curiosidad innata, empieza a detectar restos de animales prehistóricos, huesos de dinosaurios, fósiles. Descubre que su olfato, que antes consideraba una maldición, es en realidad una herramienta invaluable para encontrar estos restos. Su don peculiar, y que antes lo hacía sentirse inútil, se convierte en un gran descubrimiento.
La clave para el éxito de Rus reside en su personalidad particular. Su desorden, su impulsividad y su falta de atención a las reglas tradicionales de los perros no le permiten encajar en ningún oficio convencional. Pero precisamente esa falta de adaptación, esa «des-adaptación» a las normas establecidas, es lo que le permite encontrar un trabajo que nadie más podría imaginar: el de perro paleontólogo. El autor utiliza de manera ingeniosa la idea de que lo que nos hace diferentes, lo que nos hace «desventajados» en términos de expectativas sociales, puede ser en realidad nuestra mayor fortaleza.
La historia, más allá del viaje físico de Rus, es un viaje interior. A través de sus fracasos, aprende sobre sí mismo, sobre sus fortalezas y debilidades. De manera crucial, el lector se convierte en cómplice en su proceso de aprendizaje. Vemos con Rus las decepciones y aprendemos a través de él que no todas las personas se adaptan a los roles tradicionales que la sociedad les impone. La obra nos anima a cuestionar si nuestras limitaciones son, en realidad, barreras o un motor para la innovación.
El autor, Pinto Chinto, construye una sociedad canina rica y detallada, donde cada perro tiene una función definida. Esta sociedad, aunque aparentemente rígida, es el escenario perfecto para la historia de Rus. La idea de un mundo donde cada perro tiene un oficio, en primer lugar, crea una tensión cómica, pero también una profunda reflexión sobre la sociedad y sobre cómo nos asignamos roles y responsabilidades. Además, la obra subraya la importancia de la observación: Rus, a pesar de su torpeza, es un observador atento del mundo que le rodea, y es precisamente esta capacidad de observación lo que le permite descubrir su verdadera vocación.
A medida que Rus se acerca a supo que es un perro paleontológico, se produce un cambio en la narrativa. El autor usa la paleta de colores de la historia para contrastar la desesperación inicial del personaje con la emoción que experimenta al descubrir su verdadera pasión. En los capítulos finales, la historia se vuelve más esperanzadora y optimista, mostrando la alegría y el orgullo de Rus al poner en práctica su nuevo oficio. El libro celebra, en definitiva, la idea de que el propósito de la vida puede ser encontrado en los lugares más inesperados y que la verdadera felicidad reside en hacer lo que te apasiona, sin importar lo que digan los demás.
Opinión Crítica de Los Oficios De Rus: Una Aventura para Todas las Edades
“Los Oficios de Rus” es una obra encantadora y conmovedora que ha logrado conectar con lectores de todas las edades. Pinto Chinto ha creado una historia original y creativa, con personajes entrañables y una trama bien construida. La historia es, ante todo, un mensaje de esperanza y de autoaceptación. Rus, un perro desastre que se siente inútil, nos enseña que no debemos conformarnos con los roles que la sociedad nos impone y que debemos buscar nuestro propio camino en la vida.
La narrativa es fácil de seguir y está llena de humor y ternura. El autor utiliza un lenguaje sencillo y accesible, lo que la hace ideal para niños, pero también para adultos que buscan una lectura ligera y entretenida. Además, la obra está acompañada de ilustraciones muy bonitas y coloridas, que ayudan a captar la atención de los lectores y a crear una atmósfera mágica. La historia es también un claro ejemplo de cómo las buenas historias pueden ser utilizadas para fomentar valores positivos, como la perseverancia, la creatividad y la autoaceptación.
No obstante, algunos críticos han señalado que la historia es un poco repetitiva en ciertos momentos, especialmente en las descripciones de los fracasos de Rus. Sin embargo, esta repetición sirve para enfatizar el mensaje principal de la obra: que el fracaso es una parte inevitable del camino hacia el éxito, y que debemos aprender a levantarnos después de cada caída. «Los Oficios de Rus” es una obra recomendada para todas las edades, que nos invita a reflexionar sobre el propósito de nuestra vida y a abrazar nuestras particularidades.


