La obra de Figes inicia su recorrido con el antiguo principado de Rostov, ilustrando la fragilidad de las estructuras de poder iniciales y la importancia de la fuerza bruta y la habilidad política para consolidar el control. El libro se sumerge profundamente en los primeros siglos de Rusia, explicando el ascenso gradual de los príncipes de Rostov y sus vecinos, hasta la consolidación del poder de Moscú bajo Ivan III, que sentó las bases para la futura expansión del imperio. Figes detalla cómo la estrategia de formar alianzas, la ambición territorial y el aprovechamiento de las divisiones internas de otros principados fueron fundamentales para la asunción de Moscú del liderazgo. La obra describe con maestría cómo esta transición se legitimó, en parte, a través de la adopción de símbolos y rituales cristianos que reforzaron la identidad del nuevo poder.
El libro continúa explorando el reinado de los zares, detallando la transición de un sistema feudal a una autocracia centralizada. Figes analiza la figura de Iván IV el Terrible, retratándolo como un líder tanto excepcionalmente brillante y capaz como brutal y paranoico. Describe con detalle la expansión territorial de Rusia bajo Iván IV, la de instituciones estatales y la consolidación del poder monárquico. El autor examina también el impacto de este periodo en la sociedad rusa, incluyendo la de nuevas formas de gobierno y la formación de una élite militar y administrativa.
La obra progresa hacia el siglo XVII, una época marcada por la crisis del sistema zarista y la lucha por la sucesión al trono. Figes analiza las causas de esta crisis, incluyendo la debilidad de los sucesores de Iván IV, la influencia de los boobiks (grupos de nobles rivales) y las incursiones de los polacos y los suecos. Describe con detalle la “Era de los Chivos Salvajes”, un periodo de caos y anarquía que casi destruye el estado ruso, y el papel crucial de Miguel I en la restauración del orden y la estabilidad. El libro ilustra el papel de la Iglesia Ortodoxa en la legitimación del poder zarista y en la cohesión social.
El libro aborda en profundidad la era de Catalina la Grande, destacando su visión de modernización y expansión, así como su ambición de convertir a Rusia en una potencia europea. Figes analiza las reformas de Catalina, incluyendo la del código legal de Catalina, el desarrollo de la industria y la cultura, y la expansión territorial de Rusia hacia el Mar Negro y el Cáucaso. También examina la compleja relación entre Catalina y sus consejores, y la influencia de las ideas europeas en su pensamiento.
La obra continúa con el análisis del periodo napoleónico, explorando el impacto de la invasión francesa en la identidad y la política rusa. Figes describe con detalle la campaña de Napoleón en Rusia, la derrota de los rusos en la Batalla de Borodino y el posterior invierno ruso, que devastó las fuerzas francesas. El libro analiza las consecuencias de la invasión en la psique rusa, que contribuyó a un sentimiento de orgullo y nacionalismo.
En el siglo XIX, Figes analiza las reformas de los zares siguiendo a Alexander I y Nicolás I, su relación con las ideas liberales y nacionalistas y los intentos de modernizar el país. Se examina la figura de Alejandro II, a pesar de que su «Libertad del Pueblo» fue una concesión parcial. El autor describe el impacto de las revoluciones de 1848 y 1830 y cómo estas transformaciones fueron recibidas en Rusia.
Finalmente, la obra llega al periodo revolucionario y a la era de Lenin y Stalin. Figes analiza el auge del movimiento revolucionario en Rusia, la Revolución de 1905, la Revolución de 1917 y el establecimiento del régimen bolchevique. Describe con detalle la guerra civil rusa, la Guerra Fría y el régimen totalitario de Stalin.
El libro de Figes argumenta que la historia rusa no es simplemente una cronología de eventos, sino una narrativa construida y continuamente reescrita para adaptarse a las necesidades del momento. Figes sostiene que los mitos, las creencias y las ideologías han sido utilizados de forma sistemática por los gobernantes rusos para legitimar su poder y para construir una imagen de grandeza y destino. La idea de que Rusia estaba destinada a ser una potencia mundial, por ejemplo, fue un mito que se perpetuó durante siglos, y que se utilizó para justificar las ambiciones expansionistas del país.
La obra enfatiza la importancia de la «cultura del líder», el concepto de que el poder en Rusia siempre ha estado ligado a la figura del zar o del líder. Figes argumenta que los gobernantes rusos han sido constantemente venerados como «santos» o «héroes», y que esta veneración ha sido utilizada para mantener la lealtad del pueblo y para justificar el uso de la fuerza. La figura de Iván el Terrible, por ejemplo, fue construida como un símbolo de fuerza, valentía y justicia, a pesar de su brutalidad y paranoia.
El libro explora la tensión constante entre el carácter europeo y el carácter euroasiático de Rusia. Figes argumenta que Rusia siempre ha estado atrapada entre dos mundos, y que esta tensión ha dado lugar a una identidad nacional compleja y ambivalente. Rusia ha sido influenciada por Europa, pero también por Asia, y ha intentado constantemente integrarse en ambos mundos.
Además de explorar el papel de los mitos y las ideologías, Figes examina las causas de la inmensidad del territorio ruso y su impacto en la cultura y la política del país. Figes argumenta que la inmensidad del territorio ha contribuido a la fragmentación política y social de Rusia, y ha dificultado la creación de una identidad nacional unificada.
El libro también analiza el papel de la Iglesia Ortodoxa en la historia rusa. Figes sostiene que la Iglesia Ortodoxa ha desempeñado un papel crucial en la formación de la identidad nacional rusa, proporcionando una base moral y espiritual para el país. Además, la Iglesia Ortodoxa ha sido utilizada por los gobernantes rusos para legitimar su poder.
Opinión Crítica de La Historia De Rusia: Un Análisis Profundo y Comentado
«La Historia de Rusia» de Orlando Figes es un logro monumental, un trabajo de investigación exhaustivo que ofrece una visión profunda y fascinante de la historia rusa. La obra se distingue por su enfoque innovador, que combina una extensa investigación de fuentes primarias y secundarias con un análisis psicológico y cultural de los acontecimientos. Figes no se limita a narrar los eventos históricos, sino que explora las fuerzas que han moldeado la psique rusa y la cultura del país.
Sin embargo, es importante reconocer que la obra de Figes ha sido objeto de cierta controversia. Algunos críticos han argumentado que el enfoque psicológico de Figes, aunque interesante, puede llegar a ser excesivamente subjetivo y a sesgar la interpretación de los acontecimientos. Además, algunos historiadores han criticado la dependencia de Figes en las fuentes secundarias y su tendencia a reconstruir los pensamientos y sentimientos de los líderes rusos. No obstante, estos críticos no restan mérito al logro de Figes de ofrecer una visión tan completa y convincente de la historia rusa.
A pesar de estas críticas, «La Historia de Rusia» es un libro esencial para cualquier persona que quiera comprender la historia de Rusia y su impacto en el mundo. La obra proporciona una perspectiva única y enriquecedora, y nos invita a cuestionar las interpretaciones convencionales de la historia. Es una lectura indispensable para entender la Rusia actualizada y sus guerras con Ucrania, con sus demás vecinos, con Estados Unidos y con Occidente, y su relación con el resto del mundo. Recomendaría leerlo de forma crítica, pero sin descartar su enorme valor.
«La Historia de Rusia» es un libro ambicioso, profundo y bien escrito, que ofrece una visión indispensable de la historia de Rusia. Figes ha creado un libro que no solo educa, sino que también inspira la reflexión y la comprensión de un país que ha jugado un papel fundamental en la configuración del mundo moderno.


