Juan Manuel de Rosas asumió el poder en un momento de profunda crisis para la Argentina independiente. En 1829, al asumir su primera gobernación, era un
, que en algunos momentos llegaron a respaldar la fragmentación territorial y una invasión imperialista, Rosas les ofreció una alternativa: la adhesión masiva de los sectores populares. Este movimiento, impulsado por el descontento social y la necesidad de proteger los intereses de los pequeños productores, le permitió consolidar su poder y evitar una profunda división en la sociedad argentina. La capacidad de conectar con la gente, de entender y responder a sus necesidades, fue un factor crucial en el éxito de Rosas. Además, su gobierno implementó medidas que favorecieron el desarrollo del sector agropecuario, lo que contribuyó a la consolidación de una economía basada en la producción de carne y cereales.
El gobierno de Rosas, aunque marcado por la represión y la falta de libertades individuales, también fue un período de relativa estabilidad y prosperidad para la Argentina. La figura de San Martín, como «sable de la Independencia», recibió un reconocimiento formal como agradecimiento por la firmeza con la que Rosas había sostenido «el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarnos». Este acto de reconocimiento no solo era una muestra de gratitud personal, sino también una estrategia política para fortalecer el prestigio de Rosas y legitimar su gobierno. La figura de San Martín, venerada como símbolo de la independencia, se convirtió en un elemento clave para la construcción de la identidad nacional.
Rosas cometió errores, sin duda. En el contexto de una época novedosa, donde los errores y las medidas reprobables eran, en ocasiones, una norma más que una excepción, sus decisiones a menudo resultaron en la supresión de libertades civiles y en la persecución de sus opositores. Sin embargo, es importante considerar el contexto de la época. El siglo XIX fue un período de gran inestabilidad política y económica, con guerras, revoluciones y conflictos internos. En este entorno, la toma de decisiones era complicada y, a menudo, imposible de ejecutar sin recurrir a medidas drásticas. Además, la represión, si bien injustificable en términos morales, se justificaba en la mente de Rosas como una medida necesaria para «defender la Patria» y «mantener el orden».
Opinión Crítica de Juan Manuel De Rosas
Es innegable que el legado de Juan Manuel de Rosas es complejo y, en muchos sentidos, contradictorio. No se puede negar su autoritarismo, su represión y su falta de libertades individuales. Sin embargo, también es cierto que Rosas fue un líder que supo mantener la unidad nacional en un momento de profunda crisis, y que su gobierno, a pesar de sus fallos, representó un período de relativa prosperidad para la Argentina. La pregunta clave es: ¿Se puede juzgar a Rosas con los estándares del siglo XXI, o es necesario entenderlo en el contexto de su época?
El libro de Aguilar nos invita a reflexionar sobre esta cuestión. Reconoce las fallas de Rosas, pero también explora las razones detrás de sus acciones. Se trata de una figura que, si bien se le puede criticar por su autoritarismo, también se le debe reconocer su capacidad de liderazgo y su compromiso con la defensa de la Argentina. Es importante evitar caer en simplificaciones y demonizaciones. Rosas fue un hombre de su época, con sus virtudes y sus defectos, que, sin duda, cometió errores, pero que también dejó un legado importante en la historia argentina. Se hace necesario analizar con rigor las fuentes y considerar diferentes perspectivas para llegar a una comprensión más completa de la figura de Rosas. La lectura del libro, junto con una investigación histórica profunda, puede contribuir a una mejor comprensión de la complejidad de este personaje y del período en que vivió.

