De Armas comienza su análisis reconstruyendo el mito de Astrea, una figura tan importante en la mitología griega y romana que, según la tradición, fue la última de las deidades inmortales en abandonar la Tierra cuando la Edad de Oro –un periodo de paz, prosperidad y virtud– se desvaneció y la humanidad cayó en la Edad de Bronce. Esta caída, interpretada como un descenso al caos y la corrupción, fue prefigurada por el abandono de Astrea, simbolizando la pérdida de la virtud y el orden. Su regreso, según la creencia, ocurriría en el momento más oscuro de la Edad de Hierro –una época de declive político, económico y moral– y marcaría el inicio de una “nueva era” con un orden renovado, aunque este orden estaría indisolublemente ligado a la capacidad del hombre para recuperar la virtud y la sabiduría. La diosa Astrea, por tanto, representa la posibilidad de redención y la promesa de un futuro mejor, siempre que se siga el camino de la justicia y la verdad.
El eje central del libro se centra en la manera en que Calderón de la Barca, en obras como La vida es sueño, El alcalde de Zalamea, y El príncipe constante, utiliza este mito para construir sus argumentos dramáticos. De Armas argumenta que Calderón no simplemente alude a Astrea, sino que la estructura en torno a la obra, utilizando la figura de la diosa para materializar las tensión entre el destino, el libre albedrío y la responsabilidad moral del individuo. En La vida es sueño, por ejemplo, Segismundo, el príncipe condenado por su destino, es presentado como una encarnación de Astrea, un ser que, a pesar de estar predestinado a la maldad, tiene la capacidad de elegir entre la luz y la oscuridad. El sufrimiento y las pruebas que enfrenta Segismundo son, en última instancia, una forma de retorno a la virtud, permitiéndole demostrar su valía y convertirse en un rey justo y sabio.
Además, De Armas analiza la relación entre el mito de Astrea y la concepción del imperio español en el Siglo de Oro. La obra de Calderón y otros dramatistas de la época a menudo inscriben el destino del imperio en términos mitológicos, presentando al rey como un representante de Astrea en la Tierra. El éxito o el fracaso del imperio se convierte, por lo tanto, en un símbolo de la capacidad de la humanidad para abrazar la virtud y la justicia. La corrupción del poder, que se manifiesta a través de la ambición, la violencia y la falta de moralidad, se convierte en una afrenta a Astrea, y, por lo tanto, en una amenaza para el futuro del imperio.
Finalmente, el libro explora las conexiones entre el mito de Astrea y las preocupaciones astrológicas de la época. De Armas demuestra que las fechas de las obras de Calderón, así como las descripciones de los acontecimientos, están sincronizadas con movimientos planetarios y fenómenos astronómicos que se consideraban presagios del futuro. El uso de la astrología legitimaba la obra, sugiriendo que el destino de los personajes estaba predestinado por las fuerzas cósmicas, y que la lucha entre el bien y el mal era un conflicto universal.
De Armas profundiza en el análisis de la concepción del «orden» en las obras de Calderón, argumentando que este orden no es un orden estático ni divino, sino un orden dinámico, construido a través de la acción humana. Para Calderón, el verdadero orden se encuentra en la capacidad del individuo para reconocer y aceptar su papel en el universo, y para actuar con virtud y justicia. Esta concepción del orden se manifiesta en las obras de Calderón a través de la representación de personajes que se esfuerzan por mantener el equilibrio entre el destino y el libre albedrío, entre la razón y el sentimiento, entre el poder y la responsabilidad.
En particular, De Armas detalla cómo el concepto de «sueño» en La vida es sueño está relacionado con el mito de Astrea. El sueño de Segismundo no es simplemente una ilusión, sino una representación del destino que está predestinado a vivir. Sin embargo, el sueño también ofrece a Segismundo la oportunidad de despertar a la realidad, de reconocer su verdadera identidad, y de elegir su propio destino. El sufrimiento que experimenta Segismundo es, por lo tanto, una prueba que le permite madurar y evolucionar, y acercarse a la virtud. La idea de que «la vida es sueño» no es una negación de la realidad, sino una invitación a reflexionar sobre la naturaleza de la realidad y sobre la responsabilidad que tenemos como seres humanos.
Además, De Armas analiza el uso de la metáfora del «carmesí» en algunas de las obras de Calderón. El carmesí, un color asociado a la sangre y al sacrificio, se utiliza símbolicamente para representar el corazón de Segismundo, y ilustrar su pasión por la justicia y la virtud. También se utiliza metafóricamente para referirse al sacrificio que debe hacer el individuo en aras del bien común. El uso de la colorimetría en la obra de Calderón intensifica la emoción de la obra, y reforza el mensaje que quiere transmitir.
Finalmente, De Armas argumenta que el mito de Astrea se utilizó metafóricamente en algunas de las obras de Calderón para criticar el poder de la nobleza y la iglesia. El corrupción del poder, que se manifiesta a través de la ambición y la violencia, se convierte en una afrenta a Astrea, y denuncia la falta de moralidad de los funcionarios de alto rango. El personaje de Segismundo, que proviene de las sombras del castillo, representa una alternativa al poder establecido, y sirve como símbolo de esperanza para aquellos que anhelaban un nuevo orden. En esencia, el mito de Astrea se convierte en un arma narrativa para desafiar a las instituciones establecidas y para defender los derechos del pueblo.
Opinión Crítica de El Retorno De Astrea: Astrologia, Mito E Imperio En Calderon
El trabajo de Frederick A. de Armas es una obras maestra de la investigación literaria. Demuestra un conocimiento profundo de la obra de Calderón, así como de la historia, la política y la filosofía del Siglo de Oro. Su interpretación del mito de Astrea es innovadora y original, y revela nuevas dimensiones en la obra de Calderón. Sin embargo, la obra tiene algunas limitaciones. En ocasiones, Armas se detiene demasiado en detalles históricos y astrológicos, lo que puede abrumar al lector. Además, su análisis a veces se centra demasiado en la obra de Calderón, ignorando la obra de otros dramatistas del Siglo de Oro.
A pesar de estas limitaciones, el libro sigue siendo una contribución importantísima a la crítica literaria de Calderón. Armas nos enseña a ver la obra de Calderón a través de un nuevo prisma, y nos revela la complejidad y la riqueza de la obra. Recomendaría el libro a cualquier persona que interese en el teatro español, en la mitología clásica, o en la historia del pensamiento político. Es una lectura desafiante, pero recompensadora, que cambiará la forma en que vemos la obra de Calderón. Aunque puede ser un poco denso para los lectores no especializados, el rigor del análisis de Armas y la profundidad de su investigación lo convierten en una obra fundamental para cualquiera que busque comprender las complejidades del teatro español del Siglo de Oro.
«El Retorno de Astrea» no es simplemente un libro académico, sino una obra que invita al debate, que desafía nuestros supuestos y que nos ayuda a comprender mejor la obra de un autor fundamental de la literatura española. Es un libro que se debe leer y releer, para aprovechar todas sus riquezas y profundidades.
