La historia que Haffner teje en «El Pacto con el Diablo» se desarrolla desde 1917 hasta el verano de 1941, un lapso de veinte años que, según el autor, constituyen una “historia de un pacto con el diablo”. El libro comienza con un momento crucial: el envío, en diciembre de 1917, de Vladimir Lenin desde Alemania hacia Rusia, un acto de espionaje que tenía como objetivo desencadenar la Revolución Bolchevique. Hitler, al descubrir la traición, no solo se encontró con un problema en el frente interno, sino que también tuvo que lidiar con la frustración de un plan original, el de eliminar a Lenin directamente. La idea de un atentado en suelo alemán para acabar con el líder bolchevique fue abortada, pero la semilla de la desconfianza y la manipulación ya estaba plantada.
La alianza, sin embargo, no surge de la nada. Tras la Revolución Rusa, la Alemania de Wilhelm II y, posteriormente, de Hitler, vio en los bolcheviques un instrumento para desestabilizar a Francia y Gran Bretaña. La idea era fomentar revueltas en las colonias, debilitar la economía británica y, en general, crear confusión en el frente occidental. Además, la crisis económica de 1923 y la incapacidad de Alemania para cumplir con el Tratado de Versalles, convencieron a Hitler de que necesitaba un «aliado» capaz de proporcionarle recursos y, fundamentalmente, una salida para el exército alemán, que estaba siendo reprimido por el Tratado. De esta manera, la necesidad de crear un frente común contra una amenaza común, en este caso, la existencia de los bolcheviques, se convirtió en el motor principal de la encrucijada.
El libro examina con detalle las numerosas negociaciones, concesiones y acuerdos que permitieron, por breves momentos, que Alemania y la Unión Soviética colaboraran. Estas entregas de armamento, la compartición de información, los intercambios culturales y económicos, y hasta el contrabando de productos occidentales a Rusia, eran, en realidad, una estrategia para mantener la «cooperación» y evitar una escalada incontrolada. Haffner destaca la inteligencia y la habilidad de ambos lideres para utilizar este «pacto» como un instrumento de presión y distracción para sus propios objetivos. Además, el autor analiza el papel de figuras clave como Gunter Hawkowski, un diplomático alemán con una brutal honestidad y conciencia de los peligros del acuerdo, o el diplomático sueco, Rudolf Wedekind, que funcionó como mediador entre ambas partes.
La clave para entender el «pacto» está en la doctrina de la «distracción» aplicada por Hitler. A pesar de su odio ideológico por los bolcheviques, y de su fuerza para manipular la situación, Hitler, en realidad, tenía como objetivo conseguir que el Ejército Ruso, que era más poderoso que el propio ejército alemán, se enfrascara en una guerra por cuenta propia, debiendo causar el mayor daño posible a la industria y la economía de la Unión Soviética. Al final, para lograrlo, Hitler debía de tener un enemigo en Rusia, y para eso, de conseguir que el Ejército Ruso se enfrascara en una guerra de desgaste contra el qué, para su beneficio.
A pesar de la aparente contradicción, el «pacto» prosiguió durante años, hasta que la invasión de Rusia en 1941 puso fin a esteí singular intercambio. Haffner termina su libro con una reflexión sobre la ironía de la situación, que demuestra la capacidad humana para la más despiadada manipulación y el peligro de confiar en entendimientos que son en si mismos una forma de destrucción. El «Pacto Con El Diablo» es, en última instancia, un recordatorio de que la historia es a menudo un juego de estrategias, de manipulación y de desconfianza, y que en muchas ocasiones la «amistad» es solo un instrumento para lograr objetivos más profundos.
El corazón de «El Pacto con el Diablo» reside en la narración meticulosa de la relación precaria entre las potencias nazis y soviéticas, un entendimiento forzado por la necesidad y la desconfianza, y que, en última instancia, llevó a ambos líderes a la más devastadora de las consecuencias. Haffner describe cómo Wilhelm II, a pesar de su odio hacia los bolcheviques, se dio cuenta de que una alianza con los bolcheviques representaba la mejor oportunidad para debilitar a Francia y Gran Bretaña. La idea de crear una «guerra de desgaste» en el este europeo se convirtió, para él, en la estrategia más sensata, una estrategia que se complementaba con la ideología de «distracción» de Hitler.
Tras la caída de Wilhelm II, Hitler adoptó una estrategia similar, aunque con un tono diferente. Entendiendo que una guerra directa contra los bolcheviques sería un desastre para la Alemania nazi, Hitler deseaba crear una situación en la que el Ejército Ruso, que era más poderoso que el propio ejército alemán, se enfrascara en una guerra de desgaste, debido a los factores económicos y de desgaste que en consecuencia arruinaría el sector industrial y la economía del qué lo generaba. De esta manera, Hitler no solo deseaba debilitar a la Unión Soviética, sino que el Ejército Ruso viera desarticulados los planes que había el sector industrial y el sector económico de la Unión Soviética. En definitivo, la «guerra de desgaste» era la solución de Hitler.
El libro destaca la complejidad de las negociaciones, que en realidad no fueron negociaciones de confianza, sino un intercambio de favores y concesiones que permitieron a ambos bandos mantener la «cooperación» por razones puramente prácticas. Se entregaban armamento a cambio de productos occidentales, se compartían informaciones y se establecían concesiones económicas. Haffner describe con detalle las figuras clave en esta relación: Gunter Hawkowski, el diplomático alemán con una franqueza brutal y conciencia de los peligros del acuerdo, y Rudolf Wedekind, el diplomático sueco que actuó como mediador.
La narrativa está sustentada por un enorme cuerpo de documentos, registros y entrevistas, que permiten a Haffner reconstruir con precisión el contexto político y económico de la época. El autor no rehúye los detalles más oscuros y desagradables, mostrando con claridad la hipocresía y la deshonestidad que marcaron estas relaciones. «El Pacto con el Diabolo» no es un libro de historia fácil; requiere del lector una actitud crítica y una comprensión de las dinámicas políticas y económicas del siglo XX. Es, en última instancia, un testimonio de la capacidad humana para la manipulación y la desconfianza, y una advertencia sobre los peligros de creer en entendimientos que son en si mismos una forma de destrucción.
Opinión Crítica de El Pacto Con El Diablo:
«El Pacto con el Diablo» es, sin duda, uno de los libros de historia más impactantes y reflexivos que he leído. Haffner no se limita a narrar los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, sino que nos sumerge en el corazón de una estrategia enormemente compleja y a menudo desconocida: la relación entre Alemania y la Unión Soviética en los años pre-bélicos. La obra es un ejemplo de historia «de abajo», basada en una extensa investigación documental que revela la verdad desagradable de que la historia a menudo es manipulada y que los conflitos son siempre más complejos de lo que nos presentan.
Lo que realmente distingue a «El Pacto con el Diablo» es el tono objetivo y desapasionado de Haffner. El autor no presenta a Alemania y a la Unión Soviética como «buenos» y «malos», sino como dos potencias ambiciosa y despreocupada por la vida de los demás. El libro desmonta la idea de que la guerra fue el resultado de una simple escalada de tensiones y muestra cómo la estrategia de «distracción» de Hitler fue el verdadero motor de la relación entre ambos países. La narrativa de Haffner es asombrosamente comprensiva, demostrando que el principal objetivo de Hitler era desestabilizar a Francia y Gran Bretaña, y que la Unión Soviética era simplemente un instrumento para lograr ese fin.
Sin embargo, «El Pacto con el Diablo» no es un libro fácil de leer. La narrativa es a veces técnica y detallada, y requiere del lector una certera capacidad para sostenerse en el complejo entorno político y económico de la época. Además, el libro no huye de mostrar la hipocresía y la deshonestidad que marcaron esta relación. Aunque es importante entender los factores que contribuyeron a la guerra, es también importante reconocer que la historia puede ser brutalmente desagradable y que no hay «héroes» ni «villanos» en la historia. No obstante, considero que esta honestidad narrativa es precisamente lo que hace que «El Pacto con el Diablo» sea tan valioso y impactante.
Recomiendo «El Pacto con el Diablo» a cualquier persona que quiera adquirir una comprensión más profunda de la Segunda Guerra Mundial, o de la naturaleza del poder y la diplomacia. Es un libro que invita a la reflexión sobre los peligros de la desconfianza, la importancia de la honestidad y la necesidad de analizar los eventos históricos con una mentalidad crítica. Aunque no es una lectura fácil, es sin duda

