El «Volumen 2» de “Democracia en América” se diferencia del primer volumen, publicado en 1831, por su enfoque más sistemático y menos anecdótico. Tocqueville, después de su viaje, se preocupa más por analizar las causas y consecuencias de la mentalidad y el comportamiento estadounidense, basándose en la observación directa de la sociedad americana. El libro se estructura en torno a la idea central de que la igualdad (en su forma estadounidense, fruto de la expansión territorial y la democratización del poder político) había tenido un impacto profundo en la “conciencia colectiva” de los estadounidenses. Tocqueville argumenta que esta igualdad había creado un espíritu de “voluntarismo”, donde el individuo, desprovisto de jerarquías tradicionales, se volcaba en la consecución de sus deseos y aspiraciones, lo que, en principio, era positivo. Sin embargo, esta mentalidad, sin el contrapeso de la reflexión y la crítica, podía convertirse en una fuerza descontrolada, una “voluntad de hacer” que, impuesta sin discernimiento, podía socavar la libertad individual y el desarrollo de ideas originales.
El autor profundiza en el estudio de las “costumbres” de los americanos y se enfoca en cómo estas se habían moldeado por el gobierno y por las propias características de la sociedad. Tocqueville analiza, en particular, la importancia del mob, del “pulso popular”, y cómo este, aunque potencialmente peligroso si no estaba bien controlado, podía ser una fuerza positiva para el progreso y la innovación. El volumen también aborda temas cruciales como la educación, la religión, y la influencia de la prensa en la formación de la opinión pública. El autor argumenta que la libertad de expresión, que era una característica fundamental de la sociedad americana, podía ser tanto un beneficio como una amenaza si no estaba acompañada de un sentido de responsabilidad y de una capacidad para resistir las influencias corruptas. Además, el libro explora la idea de la “religión” en la América post-revolucionaria, mostrando cómo ésta, aunque generalmente benigna, podía ser utilizada como un instrumento de control social.
El núcleo del argumento de Tocqueville en este volumen reside en su análisis del concepto de “mob” – un término que él utiliza para describir la masa de ciudadanos americanos, influenciada por el gobierno y por las circunstancias. Tocqueville no demoniza el mob, pero sí advierte sobre su potencial para convertirse en una fuerza impulsiva y potencialmente destructiva. Él argumenta que la democracia americana, al favorecer la participación de todos los ciudadanos en la toma de decisiones, había creado una sociedad donde el “pulso popular” era una fuerza poderosa, que, si no era correctamente canalizada, podía desbordar las instituciones y amenazar el orden social. Este concepto de «mob» es crucial para entender la preocupación de Tocqueville por la seguridad de la libertad individual.
Tocqueville también explora la idea del «voluntarismo«, un concepto que está estrechamente relacionado con el «mob». El «voluntarismo» se refiere a la predisposición de los estadounidenses a actuar sobre la base de sus deseos y aspiraciones, sin una deferencia a la autoridad o a las ideas tradicionales. Si bien este «voluntarismo» puede ser un motor de innovación y progreso, Tocqueville argumenta que, sin el contrapeso de la reflexión y el pensamiento crítico, puede conducir a la imprudencia, la ignorancia y la manipulación. El autor señala que la falta de instituciones sólidas y de una tradición de pensamiento independiente hacía que los americanos fueran particularmente vulnerables a las influencias externas y a la demagogia. Además, el libro presenta un análisis de la influencia de los “periodistas” y los medios de comunicación en la formación de la opinión pública.
Opinión Crítica de Democracia En America, Vol. 2: Reflexiones Sobre la Sencillez y la Defensa de la Libertad
“Democracia en América, Vol. 2” es, sin duda, una obra maestra de la sociología política temprana, y continúa siendo profundamente relevante para nuestra comprensión de los desafíos que plantea la democracia moderna. Sin embargo, el enfoque de Tocqueville, a pesar de su perspicacia, puede ser percibido como algo simplista, especialmente al considerarlo en el contexto de una sociedad mucho más compleja que la que él observaba en el siglo XIX. Su énfasis en el peligro del «voluntarismo» y en la necesidad de una fuerte tradición de pensamiento crítico puede parecer excesivamente negativo, dado el contexto de una sociedad que estaba en constante transformación y que estaba experimentando una explosión de ideas e innovaciones.
No obstante, la crítica de Tocqueville sobre la importancia de la educación y la responsabilidad individual en la defensa de la libertad sigue siendo fundamental. El autor nos recuerda la fragilidad de las instituciones democráticas y la necesidad de que los ciudadanos estén preparados para resistir las presiones del «pulso popular» y las amenazas a la libertad. Se podría argumentar que la preocupación de Tocqueville por la “sencillez” de la mentalidad americana, influenciada por la igualdad y la falta de jerarquías, es también una advertencia sobre los peligros del populismo y la demagogia, fenómenos que siguen siendo relevantes en la política contemporánea. se podría recomendar leerlo no como un libro que ofrece respuestas definitivas, sino como un punto de partida para una reflexión profunda sobre los fundamentos de la democracia y los desafíos que enfrenta en el siglo XXI. Se recomienda, en particular, a los lectores, no tomar el análisis de Tocqueville como algo dogmático, sino como un punto de partida para un análisis más profundo y adaptado a las realidades de nuestro tiempo.
