El proyecto «Cap Cana» nació en la costa este de la República Dominicana, en la zona de Cabeza de Toro, con la visión de crear un complejo turístico y residencial de lujo, comparable a los desarrollos costeros de Estados Unidos y Europa. La iniciativa, impulsada por los hermanos Hazoury, eran unos astutos y experimentados empresarios dominicanos, conocidos por su habilidad para el ‘birlibirloque’ – el arte de hacer negocios con astucia y, a veces, de manera poco ortodoxa. Su ambición, sin embargo, era mucho más grande que una simple construcción; aspiraban a transformar la zona en un destino turístico de primer nivel, un punto de encuentro para inversores y visitantes internacionales, y un símbolo de prosperidad para el país.
Los Hazoury, a diferencia de muchos desarrolladores locales, no se limitaron a imitar los modelos de éxito de otros lugares. Adoptaron un enfoque audaz, recorrieron a figuras de alto perfil, como Donald J. Trump, para dar visibilidad a su proyecto. El neoyorquino, con su carisma y su marca global, accedió a promocionar «Cap Cana» en su programa televisivo, «The Apprentice», lo que, por supuesto, aumentó enormemente la expectación y atrajo a numerosos inversores, tanto nacionales como extranjeros. La publicidad del complejo en el programa de Trump fue un golpe de suerte, creando una imagen de exclusividad y sofisticación que se tradujo en una avalancha de compradores, muchos de los cuales, sin darse cuenta, estaban contribuyendo a una burbuja inmobiliaria que estaba a punto de estallar.
El desarrollo de Cap Cana se caracterizó por la rápida construcción de una serie de edificios de lujo, hoteles, restaurantes y campos de golf. Se ofrecían precios elevados, se hacían promesas de altos rendimientos de inversión y se presentaba al proyecto como una oportunidad única para adquirir una propiedad en una ubicación privilegiada. El grupo Hazoury, con su estilo desenfadado, crearon una atmósfera de confianza, pero también de irrealismo, y lograron convencer a muchos inversores de que su proyecto era una inversión segura y lucrativa. Sin embargo, la realidad era mucho más compleja, y la falta de control y la especulación desmedida estaban sentando las bases para un desastre.
La burbuja inmobiliaria que rodeó a «Cap Cana» finalmente estalló a principios de la década de 2010, coincidiendo con la crisis económica global. La falta de una base económica sólida, la dependencia de fondos extranjeros y la especulación desenfrenada hicieron que el proyecto fuera vulnerable a las turbulencias del mercado. Cuando la crisis inmobiliaria global golpeó, la demanda de propiedades en Cap Cana disminuyó drásticamente, y los inversores comenzaron a exigir el pago de sus inversiones.
Pero lo que comenzó como una simple crisis de demanda pronto se convirtió en una pesadilla. Las promesas incumplidas, la falta de transparencia y la incapacidad del grupo Hazoury para hacer frente a la situación llevaron a que miles de usuarios, bonistas, bancos y proveedores quedaran en la estacada. La deuda, que se estima en alrededor de setecientos cincuenta millones de dólares americanos, se convirtió en un problema insostenible, y los Hazoury, incapaces de honrar sus compromisos, dejaron de pagar a Trump, que se había hecho cargo de una parte de los costos de promoción del proyecto. Este acto, que se consideró un acto de insolvencia, marcó un punto de inflexión en la historia del complejo.
La situación de Cap Cana se convirtió en un símbolo de la corrupción y la falta de control en la República Dominicana. Se denunciaron irregularidades en la aprobación de permisos, la manipulación de datos y el uso de fondos públicos para financiar el proyecto. El escándalo involucró a funcionarios gubernamentales, empresarios locales y figuras del mundo de los negocios, y reveló la fragilidad del sistema legal y la falta de independencia de los organismos reguladores. La incapacidad del gobierno para intervenir y proteger los intereses de los inversores contribuyó al desastre, y dejó una profunda desconfianza en las instituciones. La quiebra del proyecto y el impacto económico y social que generó siguen siendo un tema de debate en la República Dominicana.
Opinión Crítica de Cap Cana: Una Lección Amarga
«Cap Cana» es un estudio de caso aterrador sobre los peligros de la especulación y la falta de regulación. El libro expone de manera contundente la imprudencia de los hermanos Hazoury, pero también critica la irresponsabilidad de las instituciones y la permisividad de los funcionarios gubernamentales. Es un relato que nos recuerda la importancia de la transparencia, la rendición de cuentas y la necesidad de proteger los derechos de los inversores, especialmente en mercados emergentes. La estrategia de los Hazoury, impulsada por la ambición y la confianza en el poder de una figura pública como Trump, fue un error fundamental.
Si bien el libro proporciona una visión detallada de los acontecimientos, la verdadera lección que se desprende de «Cap Cana» va más allá de la historia de un proyecto inmobiliario fallido. Es una advertencia sobre la necesidad de una supervisión regulatoria más rigurosa, de una mayor transparencia en las transacciones financieras y de un sistema legal que proteja a los ciudadanos del abuso de poder. El éxito de Cap Cana no fue el resultado de un proyecto sólido y bien ejecutado; fue el resultado de una combinación de suerte, propaganda y un sistema que se había vendido al mejor postor.
Recomendaciones: «Cap Cana» es un libro necesario para comprender los riesgos asociados a la inversión inmobiliaria, especialmente en mercados donde la regulación es débil y la transparencia es escasa. No es una lectura fácil, ya que revela una historia de engaño y deshonestidad, pero es una lectura fundamental para cualquier persona interesada en la economía, la finanzas o el desarrollo urbano. Sería útil que las autoridades dominicanas, y otras instituciones encargadas de la supervisión de proyectos de este tipo, tomaran nota de los errores cometidos y fortalecieran los mecanismos de control para evitar que tales desastres se repitan.

