La obra se desarrolla en el hogar de Filocleón, un anciano que sufre de una extraña manía: se considera un juez, un árbitro de justicia, y cree firmemente que esta función le otorga poder y felicidad. Este obsesivo deseo lo lleva a interferir en las vidas de todos los que lo rodean, dictando verdades y juicios sin fundamento, y encontrando una extraña satisfacción en la mera actitud de juzgar. Su hijo, Bdelicleón («El que odia a Cleón»), se preocupa profundamente por el bienestar de su padre y, tras varios intentos fallidos de razonar con él, decide tomar medidas drásticas. En un primer momento, encierra a Filocleón en su casa, tratando de aislarlo del mundo exterior y, por lo tanto, de las influencias que alimentan su obsesión judicial.
Sin embargo, el confinamiento no logra la curación deseada, y Filocleón sigue adelante con su papel de juez. Bdelicleón entonces intenta una estrategia diferente: emplea el razonamiento y el diálogo para convencer a su padre de que suene a un juez no lo hace feliz, y que buscar el poder y la fama a través de juicios, es una ilusión. A través de un cuidadoso y prolongado debate, Bdelicleón logra, con un sorprendente éxito, inducir a Filocleón a abandonar su pretensión de ser juez. La obra culmina con el viejo Filocleón, ya demente, volviendo a sus viejos hábitos, demostrando que ya no es capaz de hacer otra cosa que ser un juez.
La escena del juicio, que constituye el núcleo cómico de la obra, es una parodia hilarante y descarada de los procedimientos judiciales. El caso en cuestión: la acusación contra un perro que ha roto y comido a solas un queso. El juicio se convierte en una sucesión de absurdos argumentos, testigos falsos y preocupaciones triviales, ilustrando la falta de sentido y la hipocresía inherentes a algunos procesos judiciales. Aristófanes utiliza este ejemplo extremo para exponer la manía judicial que consideraba presente en muchos ciudadanos atenienses, y su deseo de obtener una compensación a través de juicios y condenas.
El éxito de la obra radica en gran medida en la construcción del personaje de Filocleón, un viejo atormentado por su propia ilusión de poder. Su comportamiento, a menudo ridículo y desconcertante, es, al mismo tiempo, completamente creíble, reflejando la vanidad y el deseo de reconocimiento que pudieron albergar algunos ciudadanos atenienses. La obra se construye sobre la contradicción entre el intento de Bdelicleón de salvar a su padre, y la incesante perseverancia de Filocleón en su papel de juez, creando un humor que no solo surge de la situación absurda, sino de la contradicción entre las intenciones de los personajes.
La escena del juicio no es solo una parodia; es una crítica profunda de la forma en que los tribunales pueden ser utilizados para procedimientos innecesarios y desproporcionados. La atención minuciosa que se presta a un crimen tan trivial – el consumo de queso por parte de un perro – resalta la falta de justificación para el juicio y la oportunidad de obtenimiento de beneficios personales y la distracción de asuntos de mayor importancia. Además, el coro de «avispas» que preside el juicio, representa la masa de ciudadanos que, influenciados por la figura de Cleón, se involucraban en juicios sin ningún propósito real, exacerbando la comedia y profundizando la crítica.
La obra culmina con un sorprendente revés: Filocleón, tras abandonar su papel de juez, se transforma en un joven desaprensivo y libertino. Dejando atrás la obsesión por la justicia, el anciano se comporta como un joven despreocupado, buscando disfrazarse de nuevo. Esta transformación, que se produce de forma tan abrupta, contrapone aún más la extraña y desorientadora manera en que Filocleón, al final, se desenvuelve en el mundo. El cambio es tan radical que incluso la posibilidad de continuar el proceso judicial parece perdida, poniendo en evidencia la naturaleza ilusoria de sus esfuerzos.
Opinión Crítica de Avispas: Un Estudio de Carácter y un Ataque a la Política Ateniense
“Avispas” es, sin duda, una de las obras más brillantes y sostenidas de Aristófanes. Su fuerza reside en la construcción del personaje de Filocleón, que es al mismo tiempo ridículo y conmovedor, y que refleja las vulnerabilidades y desencantos de la condición humana. Aristófanes no solo se burla de la manía judicial que, según él, afligía a muchos de sus conciudadanos, sino que también expone, de forma incisiva, los peligros de la exaltación del poder y de la obsesión por la apariencia de justicia.
La obra es, sobre todo, un estudio de carácter, una análisis de la forma en que las creencias y deseos pueden distorsionar la percepción de la realidad y llevarnos a cometer errores. La figura de Bdelicleón, al intentar curar a su padre, es un ejemplo de la necesidad de una perspectiva crítica y la importancia de combatir nuestras propias vulnerabilidades. Sin embargo, Aristófanes no se limita a criticar a los individuos; también pone en diapora al sistema político y las instituciones de Atenas, exponiendo la falta de sentido y la corrupción que pudieron exister en los tribunales.
En cuanto a las recomendaciones, «Avispas» es una obra imprescindible para cualquier estudiante de literatura griega, para aquellos interesados en la comedia antigua, o para cualquier persona que busque una reflexión profunda sobre la naturaleza de la justicia, el poder, y el deseo de ser reconocido. No se trata de una obra que ofrezca soluciones fáciles o mensajes moralizantes, sino que nos invita a cuestionar nuestras propias creencias y a examinar nuestras motivaciones. “Avispas” es una obra que nos desafía a pensar y a interrogar, y que sigue siendo tan relevante hoy como lo fue hace más de dos mil años.
