“Abisal” se presenta como un ensayo en marcha, un proyecto inconcluso que se revela a través de sus páginas. No es una novela tradicional, sino una amalgama de fragmentos, reflexiones, citas, y alusiones que se entrelazan para construir una visión única y perturbadora del mundo. La estructura del libro es caótica, fragmentada, y se parece más a un collage que a un relato convencional. El lector es invitado a participar activamente en la construcción del significado, a llenar los huecos y a conectar los puntos.
La premisa central de la obra gira en torno al concepto de “poesía de las escaleras”, pero esta no es una simple metáfora. Cortina utiliza las escaleras como un símbolo de la ascensión y la caída, del conocimiento y el olvido, del orden y el caos. La obra se despliega a través de encuentros con figuras literarias, personajes históricos, e incluso entidades míticas, todos habitando el mismo espacio imaginario. Dante se cruza con RoboCop; Baroja compartiendo un café con un espectro; Massaccio pintando un fresco en una pared desolada. Estos encuentros no son meros adornos, sino que se entrelazan en la trama central, impulsando la reflexión sobre la condición humana, la memoria, el tiempo, y la muerte.
El libro está plagado de heterodoxías y referencias a filosofías y corrientes de pensamiento diversas: Schelling, Plotino, Proclo, Platón, Lovecraft, Unamuno, James Joyce. Se exploran temas como el inconsciente, la naturaleza de la realidad, la relación entre el arte y la verdad, la moral y la ética, con una mezcla peculiar que oscila entre lo grotesco y lo sublime. La obra se siente profundamente nigromántica, no de forma explícita, sino a través de la evocación de la muerte, el olvido y la descomposición, como un recordatorio de la fragilidad de la vida y de la inevitabilidad del fin. Las referencias a los cuentos populares de los hermanos Grimm y a la literatura de Edgar Allan Poe intensifican la atmósfera de misterio y horror.
La narrativa, o mejor dicho, la estructura, de “Abisal” se basa en un sistema de asociación imaginativa extremadamente libre. No existe una línea temporal tradicional, ni un protagonista definido en el sentido clásico. El libro se compone de episodios aparentemente inconexos que se revelan gradualmente, como las piezas de un rompecabezas imposible de completar. Estos fragmentos, a menudo escritos con un estilo experimental y poético, exploran la idea de que el lenguaje puede ser tanto una herramienta de conocimiento como una fuerza destructiva.
Los pasillos de las viviendas, las azoteas, y los ámbitos de la memoria son recurrentes. Se crea un universo claustrofóbico donde la realidad se desdibuja, y donde la percepción se vuelve sucia y distorsionada. La presencia del «flâneur» – el observador urbano, el paseante sin rumbo – es fundamental para comprender la obra. El «flâneur» se convierte en un instrumento para analizar la ciudad, para desentrañar sus secretos, para confrontarse con su propia inconciencia. Los espacios deshabitados, las ruinas, los lugares olvidados, se convierten en escenarios de encuentro con lo desconocido.
El libro se caracteriza por una fuerte carga emocional, aunque no se expresa de forma directa. La melancolía, el miedo, la desesperación, la esperanza, y la confrontación con la muerte, se transmiten a través de la atmósfera, de las imágenes, y de la intensa poesía. Hay momentos de vertiginosa comprensión, y momentos de completos desorientamiento. La experiencia de lectura es, por tanto, intensa y desafiante. La obra consigue crear una experiencia casi hipnótica, sugiriendo, más que demostrando, ideas y sensaciones.
Opinión Crítica de Abisal: Un Desafío Literario para los Afortunados
“Abisal” es una obra que exige paciencia, atención y una mente abierta. No es un libro fácil de leer, pero si se le da la oportunidad, puede ser una de las experiencias literarias más profundas y revolucionarias de las últimas décadas. Es una obra heterodoxa que desafía las convenciones y que desafía al lector a construir su propia interpretación.
La grandeza de «Abisal» reside en su ambigüedad y en su capacidad para invitar a la reflexión. Es un libro que se queda contigo mucho después de haberlo terminado, que te hace preguntar, que te hace pensar. La escritura de Cortina espoesística, experimentada, y a veces, verdaderamente dramática. El autor no busca proporcionar respuestas, sino plantear preguntas, y a través de estas preguntas, nos invita a explorar las profundidades de nuestra propia conciencia.
En mi opinión, «Abisal» es una obra inclasificable. Se mueve con fluidez entre el terror, el surrealismo, el expresionismo, y la poesía. Es un libro que se beneficia enormemente de su lógica arbitraria. La selección de referencias, a veces extremadamente aleatorias, conlleva en sí misma un gran valor. Si bien puede resultar un poco disparatado en algunos momentos, y a ratos difícil de comprender, es precisamente esa disonancia la que hace que la obra sea tan memorable. Recomiendo “Abisal” a los lectores que buscan una experiencia literaria que los desafíe y los recompense. Es una obra para aquellos que se sienten atraídos por lo extraño, lo igualmente perturbador, lo misterioso, y lo incongruente.
