La historia se sitúa en una Mesopotamia ancestral, pero con un giro radical: Gilgamesh, el rey de Uruk, no es un guerrero ordinario. Es un ser descendiente de una civilización extraterrestre, un «constructor» que, tras un evento catastrófico, ha sido enviado a la Tierra para reconstruir un mundo que ya no existe, un mundo idealizado de perfección y armonía. Su inmortalidad, otorgada por las estrellas, es una maldición tanto como una bendición, ya que le permite presenciar el paso del tiempo y la decadencia de la humanidad, un espectador impotente ante el inevitable declive.
El rey, al principio arrogante y consumido por su poder, se encuentra con Estebar, un mortal que, a través de una serie de eventos, se convierte en su mejor amigo y confidente. Esta amistad, profundamente humana y llena de ternura, es el motor de la historia. Juntos, emprenden un viaje épico, buscando la solución para su situación: la búsqueda de la inmortalidad, no como un objetivo final, sino como una forma de trascender su condición y comprender el significado de su existencia. La búsqueda los lleva a través de paisajes desérticos, ciudades en ruinas y, finalmente, a las profundidades del cosmos, donde Gilgamesh se enfrenta a sus propios demonios y a la verdad sobre su origen.
La narrativa se enriquece con una intrincada red de símbolos y referencias mitológicas, que la convierten en una lectura compleja y reflexiva. La obra no solo explora la obsesión por la inmortalidad, sino también temas como el poder, la amistad, la pérdida, el sentido de la vida y la relación entre el hombre y el universo. El estilo narrativo de Wood, caracterizado por su profundidad psicológica y su capacidad para crear personajes complejos y memorables, se combina a la perfección con el estilo visual de Olivera, creando una obra que desafía las expectativas del lector.
La estructura de la novela gráfica se asemeja a un dramatismo épico, intercalando momentos de acción y aventura con reflexiones filosóficas y poéticas. La historia se desarrolla a través de capítulos que, al igual que las obras clásicas, siguen un esquema deliberado, presentando conflictos, resolución, giros y desarrollo de personajes de una manera que resulta fácil de seguir y muy atractiva para el lector. La obra evita caer en clichés narrativos, buscando explorar el mito desde una perspectiva original y sorprendentemente relevante para la actualidad.
El proceso creativo de Olivera es, en sí mismo, una pieza fundamental de la obra. Su estilo gráfico, caracterizado por la expresividad y la originalidad, transforma el relato en una experiencia visual impactante. Sus composiciones, que recuerdan a las obras de los grandes maestros del arte, evocan la grandeza de la antigua Mesopotamia y, al mismo tiempo, transmiten la intensidad de las emociones de los personajes. No se limita a dibujar personajes y escenarios; crea atmósferas, transmite sensaciones y, sobre todo, logra capturar la esencia de la historia.
La utilización de la paleta de colores por parte de Olivera es otro de los aspectos más destacados de la obra. Los tonos oscuros y terrosos predominan, creando una atmósfera opresiva y melancólica que refleja la desesperación de Gilgamesh y la decadencia del mundo. Pero también se utilizan colores vibrantes y luminosos para representar los momentos de esperanza y alegría, intensificando el impacto emocional de la historia. La obra es un ejercicio de control y composición que la convierte en una pieza visual impactante y atractiva.
Opinión Crítica de Gilgamesh: El Inmortal
“Gilgamesh: El Inmortal” es, sin duda, una de las obras más ambiciosas y arriesgadas que han surgido en el mundo del cómic popular en español. La obra no busca ser un simple entretenimiento; busca provocar, reflexionar y, sobre todo, emocionar. La colaboración entre Robin Wood y Lucho Olivera resulta ser un ejemplo de sinergia creativa, un encuentro de dos talentos que se complementan a la perfección.
La profundidad psicológica de Wood y la maestría visual de Olivera se combinan para crear una obra que es, al mismo tiempo, compleja y accesible. Aunque la historia puede resultar densa para los lectores que no estén acostumbrados a las obras con una fuerte carga intelectual, la recompensa es inmensa. “El Inmortal” no es un libro que se lee, sino que se vive, se siente y se reflexiona sobre él durante mucho tiempo después de haber terminado la última página. Si bien no es una obra para todos, es un imprescindible para los amantes del cómic de calidad y para aquellos que buscan una lectura que les haga pensar.
la edición de 001 Ediciones ha hecho una elección acertada al publicar “Gilgamesh: El Inmortal”. La obra es un valioso legado de la historia del cómic argentino y un ejemplo de cómo se puede combinar la tradición y la vanguardia, la profundidad y la expresividad. Se recomienda encarecidamente a los lectores que busquen una obra que desafíe sus expectativas y que les ofrezca una experiencia única y memorable. Se merece ser leída y releída, descubriendo cada vez nuevas capas de significado y belleza.



