La estructura de “Religion y Ciencia” se construye de manera cronológica, rastreando las principales controversias que han surgido a lo largo de la historia entre la religión y la ciencia. Russell comienza por examinar las primeras reacciones de la filosofía griega a las ideas de los presocráticos, quienes, con su interés por la naturaleza y la observación, desafiaron las explicaciones tradicionales del mundo. Se detalla la persecución de Epicuro y sus seguidores por parte de los religiosos de la época, mostrando cómo la religión, incluso en sus primeras manifestaciones, ha tendido a resistirse a cualquier forma de investigación racional.
La obra continúa analizando las luchas durante la Edad Media, en particular, la oposición de la Iglesia a las ideas de figuras como Roger Bacon, quien, a pesar de su credencial como erudito, fue severamente castigado por defender la observación y la experimentación. Russell resalta cómo la Iglesia, a través de su control del conocimiento y la Iglesia, ha priorizado la autoridad de los textos sagrados sobre la evidencia empírica, creando una barrera para el desarrollo científico. Este análisis de las
, y que, por tanto, sigue siendo relevante hoy en día.
Sin embargo, es importante reconocer que la obra de Russell está impregnada de un cierto
, y un recordatorio de que la verdad no siempre reside en la fe, sino en la evidencia.

