La historia se centra en un niño, “El Niño Pez”, que es encontrado por Lala, una joven argentina que vive en un pueblito del Chaco. La Guayi, su criada paraguaya, es una mujer de carácter fuerte y misterioso, que se convierte en una figura clave en la vida del niño y, por extensión, en la vida de Lala. La Guayi, es una figura arquetípica de la mujer fuerte y autosuficiente, que encarna el instinto y la sabiduría de la tierra. La Guayi es la que le enseña a El Niño Pez las costumbres, la lengua y los secretos del lugar, convirtiéndose en una especie de madre para él.
El relato se desarrolla en un entorno rural y árido, donde los días transcurren lentamente, marcados por los ritmos del sol y las estaciones. La vida de El Niño Pez es sencilla, pero intensa, dominada por los juegos, la exploración y la compañía de la Guayi. Sin embargo, esta aparente tranquilidad se ve interrumpida por la llegada de Lala y su creciente enamoramiento por el niño. Lala, un personaje vulnerable y frágil, se ve atraída por la inocencia y la belleza de El Niño Pez, y decide establecerse en el pueblo para estar cerca de él.
El romance que surge entre ellos es intenso y apasionado, pero también peligroso y destructivo. La Guayi, consciente de la fragilidad de Lala y del potencial daño que el amor puede causar, intenta protegerla, pero también se siente frustrada por su incapacidad para controlar las emociones. El vínculo entre Lala y El Niño Pez se define por una necesidad desesperada, casi primitiva, de pertenencia y conexión, una búsqueda de refugio en el otro ante la soledad y la incertidumbre. La historia está llena de momentos de ternura, de belleza y de drama, donde la pasión y la tragedia se entrelazan de forma inseparable.
La novela, narrada por un perro llamado «El Perro», nos ofrece una perspectiva única sobre la relación entre Lala, El Niño Pez y la Guayi. El perro, testigo silencioso y observador, es el narrador responsable de contar la historia, y a través de sus ojos, el lector es testigo de una vida marcada por el amor, la pasión, la pérdida y la búsqueda de sentido. El perro, con su mirada honesta y sin prejuicios, nos ofrece una visión implacable de la naturaleza humana, mostrando tanto su belleza como su fragilidad.
La historia se construye en torno a la necesidad de conexión humana, en un entorno rural y aislado, donde los personajes se encuentran en busca de refugio emocional. La Guayi, con su sabiduría ancestral y su profundo conocimiento de la tierra, representa la figura de la mujer que preserva la memoria y los valores tradicionales. Ella intenta proteger a Lala de las posibles consecuencias del amor, pero también comprende que la pasión es una fuerza poderosa que no puede ser controlada. La Guayi personifica la fuerza de la naturaleza, inmutable y resistente, que observa y juzga a los humanos con una mirada severa pero justa.
El romance entre Lala y El Niño Pez es, en esencia, una búsqueda de identidad y de pertenencia. Ambos personajes se sienten solos y desorientados en un mundo que no los comprende, y encuentran en el otro una forma de llenar ese vacío. Sin embargo, su amor también es una fuente de dolor y sufrimiento, porque ambos saben que su relación está destinada a terminar. La Guayi, sabiendo esto, trata de alejar a Lala del niño, pero no puede detener la fuerza del destino.
Opinión Crítica de El Niño Pez: Un Testimonio de la Vida y la Pasión
“El Niño Pez” es una obra maestra conmovedora y profundamente resonante. Lucía Portela, a través de un estilo narrativo delicado y preciso, consigue crear una atmósfera única, donde lo cotidiano se convierte en extraordinario y lo mundano, en un viaje lleno de emociones. La historia es contada desde la perspectiva de un perro, lo que le da un tono inusual y poético, y nos permite ver la vida de forma más pura y honesta.
La novela es una reflexión sobre la naturaleza del amor, la pérdida y la búsqueda de sentido en la vida. La historia de Lala, El Niño Pez y la Guayi es una metáfora de la vida misma, con sus alegrías y sus tristezas, sus momentos de esperanza y de desesperación. El autor logra que nos identificemos con los personajes y que sintamos sus emociones con una intensidad sorprendente. El perro narrador es un instrumento valioso para humanizar la historia y para acercarnos a la esencia de la vida.
Si bien la historia es triste y dolorosa, también es hermosa y llena de esperanza. La novela nos recuerda que, a pesar de las dificultades y los sufrimientos, la vida siempre merece ser vivida con pasión y con amor. La obra de Lucía Portela es un canto a la vida, una celebración de la belleza y la bondad que existen en el mundo. Recomiendo esta novela a todos los que busquen una lectura profunda y conmovedora, que les haga reflexionar sobre el sentido de la vida y el poder del amor. Es una obra que se queda con el lector mucho tiempo después de haberla terminado de leer.


