En su obra, Jonathan Crary examina cómo la lógica del capitalismo tardío ha transformado la relación del sujeto con el tiempo y el espacio. El libro, descrito con precisión por «tan fino y exacto como una raya de cocaína pura», analiza la fractura que se ha creado entre los ciclos naturales, como la noche y el día, la vigilia y el sueño, y cómo esta ruptura afecta nuestra capacidad de distinguir entre una vida de privilegio y las estrategias de control y vigilancia que subyacen a las formas dominantes de poder. Crary argumenta que la exigencia de una productividad continua, impulsada por la lógica del mercado, ha generado un estado de alerta constante, erosionando nuestra capacidad de introspección y de imaginar alternativas.
La piedra angular de la argumentación de Crary es la idea de que el capitalismo, en su búsqueda implacable de eficiencia, ha convertido el tiempo en una mercancía. La “optimización” que propugna la economía no se limita a la producción física; se extiende a la gestión del individuo, demandando una disponibilidad incesante, una capacidad de atención sostenida y una disposición a responder a la demanda del mercado en todo momento. Esto se materializa a través de la tecnología, la publicidad, el diseño de productos y la organización del trabajo, creando un entorno que incentiva la “consecución” de objetivos y la constante “optimización” de uno mismo. El resultado, según Crary, es una sociedad donde la “disponibilidad” se ha convertido en un rasgo deseable, y la “falta de compromiso” con el ritmo frenético del mercado es vista como una debilidad.
El libro también explora el papel de la vigilancia en esta transformación. Crary sugiere que la lógica de control y la búsqueda de eficiencia se han trasladado al ámbito personal, con la tecnología y las instituciones sociales contribuyendo a la constante observación y evaluación del individuo. Esto no solo afecta nuestra privacidad, sino que también influye en nuestra forma de pensar y de actuar, obligándonos a conformarnos con los patrones y las expectativas que impone el mercado. La “vigilancia” no es simplemente la protección del crimen, sino también la “optimización” del individuo en función de las necesidades del mercado.
Crary argumenta que la “optimización” del sujeto en el capitalismo tardío no se trata solo de aumentar la productividad, sino también de “administrar” el propio tiempo y la propia atención. Esta gestión se realiza a través de una serie de mecanismos que incluyen la tecnología, el diseño de productos y la organización del trabajo. La tecnología, en particular, juega un papel crucial, ya que nos obliga a estar constantemente conectados y disponibles, erosionando nuestra capacidad para desconectar y descansar. La publicidad, por su parte, manipula nuestros deseos y nos impulsa a consumir, reforzando la idea de que la “felicidad” se encuentra en la acumulación de bienes y servicios.
La organización del trabajo también contribuye a esta transformación. El aumento de la automatización y la globalización han resultado en una mayor presión sobre los trabajadores, quienes deben estar disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana. La “flexibilidad laboral” y el “teletrabajo”, aunque aparentemente ofrecen más libertad, en realidad intensifican la presión sobre el individuo, que debe equilibrar las demandas del trabajo con las exigencias de la vida personal. En este contexto, el “descanso” se convierte en un lujo, y la “falta de compromiso” con el ritmo frenético del mercado es vista como una debilidad.
El libro también analiza la relación entre el sueño y la producción. Crary argumenta que el capitalismo ha “despojado” al sueño de su función restauradora, convirtiéndolo en un “recurso” que debe ser gestionado y optimizado. La “optimización” del sueño implica el uso de productos y servicios diseñados para mejorar la calidad del sueño, y la “medición” de la eficacia de estos productos. En este contexto, el sueño deja de ser un estado natural de reposo y recuperación, y se convierte en un “recurso” que debe ser utilizado de manera eficiente.
Opinión Crítica de 24/7: Capitalismo Tardío Y El Fin Del Sueño
«24/7» es una obra de gran rigor y claridad conceptual, que nos obliga a confrontar la realidad de la vida moderna y a cuestionar los valores que nos impulsan. Crary logra unajar las defensas del lector y, con una argumentación sólida, nos muestra cómo la lógica del mercado ha permeado todos los aspectos de nuestra vida, desde el trabajo hasta el ocio, desde las relaciones sociales hasta la forma en que concebimos el tiempo. Sin embargo, la obra no está exenta de críticas.
Si bien la tesis de Crary es, en gran medida, correcta, la obra puede resultar excesivamente pesimista y determinista. Es cierto que el capitalismo tardío ha creado un entorno de constante presión y exigencia, pero también es cierto que existen individuos y comunidades que han logrado resistir esta lógica y que han encontrado formas de vivir de manera más equilibrada y significativa. No obstante, la obra de Crary nos proporciona un marco conceptual invaluable para entender la crisis de la experiencia y la pérdida de sentido en la sociedad contemporánea.
Además, Crary, en su análisis, se centra en la experiencia occidental, y no aborda suficientemente la diversidad de las respuestas a la globalización y la influencia de otras culturas. Aunque la lógica del mercado y la presión por la “optimización” son “universales” en ciertos aspectos, la forma en que estas fuerzas se manifiestan varía según el contexto cultural y social. No obstante, “24/7” sigue siendo un libro esencial para comprender los desafíos que enfrentamos en la sociedad contemporánea. Sería beneficioso, quizás, que futuras investigaciones incorporaran una perspectiva más global y multidimensional.
«24/7» es una lectura imprescindible para cualquiera que quiera comprender los desafíos de la vida moderna y para aquellos que buscan encontrar un equilibrio entre el trabajo, el ocio y la reflexión. Es un libro que nos invita a reflexionar sobre nuestro lugar en el mundo y a cuestionar los valores que nos impulsan, convirtiendo, quizás, el «fin del sueño» en la “iniciación” a una vida más consciente.


