La novela se construye alrededor de cuatro personajes principales: Yolanda, Tarik, Léonard y Fadel. Cada uno de ellos representa una historia de desorientación y, en última instancia, de radicalización. Yolanda, una joven de una familia adinerada de Madrid, emigra a Siria tras una brecha generacional y una búsqueda de autodescubrimiento que la lleva a un grupo de radicalización. Su desapego a la vida familiar y su idealización del mundo islámico la convierten en un blanco fácil para la propaganda extremista. Tarik, un joven belga que ingresa en prisión a los dieciocho años tras ser arrestado por un delito menor, encuentra en la causa del Estado Islámico una oportunidad para la redención y un sentido de propósito, una idea que lo lleva a abrazar radicalmente una ideología. La vida de Léonard, descendiente de judíos que murieron en Auschwitz, es un caso particularmente conmovedor, donde la búsqueda de identidad y la necesidad de encontrar un legado se convierten en un camino hacia la extremización, un deseo de expiar los pecados de sus antepasados. Finalmente, Fadel, un espía abandonado por las agencias de inteligencia, se ve arrastrado a las cárceles de la Coalición Internacional y, buscando venganza y un nuevo lugar para pertenecer, se une al Estado Islámico, donde su conocimiento del mundo de la inteligencia le da un poder inesperado.
La novela de Ariel se distingue por su detallada investigación sobre los antecedentes de cada uno de estos individuos, explorando las
de la época, incluyendo el aumento del desempleo, la inmigración, y la crisis económica, que crearon un terreno fértil para la propaganda extremista. El libro examina el papel de las redes sociales y la internet en la difusión de ideologías radicales, mostrando cómo facilitaron la conexión entre personas con ideas similares, sin importar su origen geográfico. Además, se analiza el papel de los líderes del Estado Islámico y la forma en que utilizaron la manipulación psicológica y la retórica para atraer a personas vulnerables.
La novela ofrece una perspectiva crítica sobre la eficacia de la lucha contra el terrorismo, planteando preguntas sobre la naturaleza de la radicalización y la necesidad de abordar las causas subyacentes. Se cuestiona la idea de que el terrorismo es un fenómeno puramente religioso o ideológico, y se argumenta que es un problema social complejo, influenciado por una serie de factores económicos, políticos, y sociales. La investigación de Ariel destaca la importancia de comprender la experiencia individual de cada persona que se radicaliza, y de ofrecer apoyo y oportunidades de reintegración a aquellos que desean abandonar el extremismo. El libro no ofrece soluciones fáciles, pero plantea preguntas importantes que deben ser debatidas por la sociedad en su conjunto.
En cuanto a los papeles desempeñados por los personajes en el Estado Islámico, la novela explora las diversas funciones que ocuparon, desde combatientes hasta propagandistas, hasta logísticos y más. Se examina su implicación en las atrocidades cometidas por el grupo y la forma en que justificaron sus acciones en función de una ideología extremista. La pregunta sobre si estos personajes se arrepienten de sus actos es central para la narrativa, y la novela presenta una visión matizada de sus sentimientos, con algunos personajes mostrando un arrepentimiento profundo y otros mostrando una persistente justificación de sus acciones. El libro también se plantea la pregunta sobre el futuro de estos individuos, y si volverán a integrarse en la sociedad o si permanecerán marginados para siempre. Esta incertidumbre contribuye al tono sombrío y profundamente inquietante de la obra.
